Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 42 Versículos 5-6: Esperanza y Tristeza
Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido por el libro de los salmos ha llegado ya a la mitad del salmo cuarenta y dos.
El salmo es una oración ferviente, en medio de la soledad en tierra extraña, rodeado de enemigos de la fe que le acosan continuamente.
El desánimo no impide manifestar la confianza. El salmo cuarenta y dos dice así:
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.
Con esta lectura en mente, vamos a examinar más de cerca los versículos cinco y seis que dicen así:
“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar”.
En estos versículos la confianza se debate con el desánimo causado por la soledad y lejanía, vamos a verlos, frase por frase. Comienza el salmista diciendo: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?”.
Esto es un reproche, o, tal vez, el reconocimiento de que está muy desanimado aunque realmente no debiera estarlo.
¿No nos sucede esto a veces? ¿No nos invade la tristeza incluso cuando estamos convencidos de motivos para alabar a Dios?
El salmista, como volviendo en sí, continúa diciendo:
“Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. El presente es oscuro, pero el futuro está en las manos de Dios.
Esto justifica su esperanza que es como una luz brillante al final de un túnel oscuro que parece interminable, pero hacia la cual camina en medio del desánimo presente.
La siguiente frase lo confirma, pues dice:
“Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar”.
Está luchando contra el desánimo centrando su pensamiento en Dios. Magnífico ejemplo a seguir en los malos momentos.
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