Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 43 – Fuera dudas (255)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 43 Versículo 5: Fuera dudas

Bienvenidos a Miradas. Como si fuésemos disfrutando de las formas, colores y aromas de un extraordinario paisaje, vamos cada día avanzando un poquito por el libro de los salmos, poniendo nuestra Mirada en frases que muestran los sentimientos del alma en la presencia de Dios.

Ya hemos llegado al final del salmo cuarenta y tres, que, como es muy breve, hemos leído entero cada día, y también hoy, para después comentar el último versículo del mismo.

El salmo cuarenta y tres dice así:

“Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo. Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”.

Vamos a leer de nuevo este versículo cinco para quedarnos bien con su contenido y fijarnos en cada una de sus frases.

El versículo cinco y último, del salmo cuarenta y tres, dice así:

«¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. Vamos ahora a irlo viendo frase por frase.

El salmista comienza un diálogo consigo mismo, para darse ánimos, en aquella situación difícil, diciendo: “¿Por qué te abates, oh alma mía”.

¿Por qué te desanimas? No hay motivos. Y añade: “¿Y por qué te turbas dentro de mí?”. Estos es como si dijese a su alma, yo no estoy desanimado, tú tampoco tienes motivos para estarlo, vamos reacciona.

La fe domina a la depresión, pues, seguidamente, dice:

“Espera en Dios”.

La fuerza venía del exterior, las poderosas razones para no desanimarse se apoyaban en Dios mismo, y su fe reprocha a su alma la debilidad, porque esperar en Dios, el Dios de las promesas que no fallan, el Dios de la fidelidad que nunca abandona a los suyos, debe superar toda clase de desánimo, es la fe que triunfa sobre las emociones en las horas bajas. Y, llegado aquí, el salmista se proyecta hacia delante anunciando con firmeza: “porque aún he de alabarle”.

¡Qué precioso es poder mirar al futuro con ojos de esperanza y vislumbrar la alabanza en medio de las lágrimas o el dolor!

¡Cuantos creyentes, a lo largo de la historia, se han visto en situaciones semejantes, cuando se sentían derrumbar, y la fe vino en su ayuda recordándoles que en Dios se puede confiar en todo momento y que vendrán tiempos de alegría y de plena realización, porque Él lo ha prometido.

Seguidamente, el salmista, que parece haber superado su bajón anímico, se centra en Dios y pone su atención en Él para decir:

“Salvación mía y Dios mío”. Fijémonos bien en esas dos cosas que dice de Dios, primero le llama “salvación mía”, no dice meramente Salvador, sino salvación, la suya personal, y lo reafirma agregando “Dios mío”, ya que Dios para él no era solamente Dios, sino su Dios personal.

¿Es el Dios Eterno, tu Dios?

Más de

¿Quieres seguir escuchando?

Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.

Sigue explorando: Cargando temas...
Explorar todos los audios por temas →

¿Buscas un programa anterior que no ves aquí?

Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.

Ver cómo funciona →