Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 50 – Reconoce tu maldad (284)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. La tarea que nos hemos propuesto de recorrer todo el libro de los salmos, sin dejarnos ninguna atrás, nos ha traído hasta el salmo cincuenta, que ya estamos terminando.

En este salmo, Dios convoca al universo en una solemne audiencia pública para juzgar a su pueblo.

El libro de los salmos guarda una agradable sorpresa detrás de cada frase, porque este libro es, nada menos, que la poesía de Dios, y esto hace que siempre estemos desbordados, por su contenido, cuando nos paramos a meditarlos.

Como hacemos casi siempre, hoy leeremos unos versículos del salmo que estamos tratando para después comentarlos poco a poco.

Los versículos catorce al dieciocho del salmo cincuenta dicen así:

“Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras. Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte”.

Después de decirles que no necesitaba los sacrificios, porque los sacrificios tenían una finalidad que era reconocer la santidad de Dios y su pecado, y no de ofrecer algo a Dios que es el dueño de todo, ahora va al meollo de la cuestión, recordándoles lo que demanda de ellos y lo hace en tres frases contundentes.

La primera les recuerda que como todo se lo deben a Él, deben reconocerlo en una alabanza sincera, pues les dice: “Sacrifica a Dios alabanza”.

La segunda demanda es aun más seria, si cabe, pues exige que honren su compromiso de servirle, diciéndoles:

“Y paga tus votos al Altísimo”. Si las promesas a cualquier persona son importantísimas, mucho más lo son las promesas a Dios, lo compromisos adquiridos con Él, no conviene olvidarlo.

La tercera demanda es chocante y digna de atención, pues les dice:

“E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”.

Puede entenderse de dos formas: Pídeme ayuda cuando lo necesites y te la daré y me alabarás por ello, o cuando me pidas ayuda y yo te ayude eso engrandecerá mi nombre.

Seguidamente, se vuelve a los que se tomaban la relación con Dios a la ligera, señalándolos con claridad al referirse a ellos, uno por uno, diciendo así: “Pero al malo dijo Dios”.

Y les acusa muy duramente, primero de tener en su boca la Palabra de Dios indignamente, pues comienza diciéndoles: “

¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca?”.

Y Seguidamente comienza explicar porque les dice esto, pues añade:

“Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras”.

O sea, no admites que te corrijan, porque, aunque conoces la Palabra de Dios, pasas olímpicamente de ella, como si no tuviese importancia, y porque a ti no te importa. Y aun añade dos graves acusaciones más, diciendo:

“Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte”.

No hace falta mucho para entender estas acusaciones tan graves, y estamos hablando de personas del pueblo de Dios, no de los que ignoraban su salvación y su Palabra. Peligrosa actitud.

Más de

¿Quieres seguir escuchando?

Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.

Sigue explorando: Cargando temas...
Explorar todos los audios por temas →

¿Buscas un programa anterior que no ves aquí?

Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.

Ver cómo funciona →