Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Como vamos poco a poco recorriendo el libro de los salmos, casi sin darnos cuenta, aunque ya han transcurrido doscientos ochenta y nueve días, hemos llegado, y ya lo estamos terminando, al salmo cincuenta y uno.
Uno de los salmos más conocidos y citados y que tiene enseñanzas riquísimas acerca del arrepentimiento y el perdón. David, autor del salmo, había cometido un pecado gravísimo y sinceramente arrepentido pide perdón y restauración a Dios, recurriendo a su misericordia, porque el pecador nunca puede aportar nada más que sus pecados y su arrepentimiento.
Leeremos los versículos doce al dieciséis del salmo cincuenta y uno para después comentarlos.
Estos versículos dicen así: “Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto”. La primera frase, o más bien las dos primeras, piden la plena restauración y recuperar la gozosa relación con Dios, pues dice, “Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente”.
Las consecuencias del pecado continuaban, pero Dios le había perdonado y los pecados ya eran pasado, así que ahora David pide ser admitido de nuevo a la plena y gozosa relación con Dios, para seguir sirviéndole como lo había hecho antes.
Lo deja muy claro en la siguiente frase, que ya es un compromiso personal muy importante, llevar a otros al conocimiento del precioso perdón de Dios, pues dice:
“Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos”.
Quien mejor puede enseñar algo es quien lo ha experimentado, y ese era su caso, sería por lo tanto un buen maestro. Y ese testimonio tenía un objetivo muy claro, que los pecadores se volviesen a Dios de corazón, pues dice: “Y los pecadores se convertirán a ti”.
¿Acaso los cristianos no tenemos el mismo compromiso de ser testigos de la salvación de Dios?
Con todo, David se sabe vulnerable, y mucho más en su cargo, por eso pide la ayuda de Dios para no caer en derramar sangre injustamente, diciendo:
“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación”.
Quiere depender de Dios en todo.
David, a quien se le llama en la Biblia: “el dulce cantor de Israel”, quiere volver a alabar, pero, también ahí necesita a Dios, pues dice:
“Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza”. Y es que dependía de Dios para llevar a sus labios una sincera alabanza, como nos pasa a nosotros, pues en caso contrario la alabanza será vacía.
Aun nos deja David en estos versículos una enseñanza más acerca del perdón y la renovación que puede pasar desapercibida.
El perdón y la restauración no se pueden comprar, no hay nada suficiente para ello. David lo reconoce con estas palabras: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto”. Si has pecado, arrepiéntete y pide perdón, pero no intentes comprar a Dios.
Humíllate y vete a Él tal como estás.
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