Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Con el programa de hoy llegamos al final de nuestra meditación en el salmo cincuenta y ocho al que hemos dedicado cinco días con este.
El salmo que hoy terminamos de meditar fue escrito por David, el principal autor del libro de los salmos, y en el, tras describir las injusticias de un grupo de poderosos, proclama el castigo de su injusticia, porque Dios no pasará por alto las injusticias.
Leeremos primero el salmo entero, para conocer el conjunto de su contenido, y después comentaremos los dos últimos versículos del mismo. El salmo cincuenta y ocho dice así:
“Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.
Ahora, tras leer el salmo completo, vamos a leer de nuevo los dos últimos versículos, de los cuales nos ocuparemos en la Mirada de hoy, y que dejan muy claro que la justicia de Dios prevalecerá y todo el orbe lo verá.
Los versículos diez y once del salmo cincuenta y ocho dicen así:
“Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.
Repasemos, frase por frase, estos versículos que cierran el salmo.
Las dos primeras frases son muy duras, la primera describe la satisfacción de los que sufren las reiteradas y crueles injusticias, cuando vean que Dios venga el daño que han recibido, pues dice esta frase: “Se alegrará el justo cuando viere la venganza”.
Dios nunca deja la maldad sin castigo. La siguiente frase es aun más dura, pues describe un torrente de sangre que procede de los que Dios a ejecutado y que es tanta que empapa sus pies, lo dice así:
“Sus pies lavará en la sangre del impío”. Las dos frases siguientes afirman la seguridad que los oprimidos tienen en la justicia de Dios y el testimonio al mundo de que vale la pena tener temor de Dios y vivir según su voluntad, pues dice:
“Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo”. Y termina el salmo afirmando algo que tranquiliza definitivamente a los que esperan en Dios.
“Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.
Confiemos y esperemos, Dios actuará.
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