Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Nuestro paseo diario por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo cincuenta y nueve, que ya estamos terminando.
Se trata de un salmo de David y refleja en su contenido alguno de los malos momentos que pasó durante su vida, porque David tuvo una vida con muchos tramos duros y dolorosos, que siempre enfrentó con una dependencia de Dios muy firme y continuada.
Incluso en sus fallos, llama la atención su sincero arrepentimiento ante Dios.
No sabemos en que etapa de su vida surge este salmo, tal vez cuando era el enemigo público número uno, porque su valentía y fe en Dios habían despertado la envidia y el odio descontrolado del rey Saúl que le persiguió como si se tratase de una peligrosa alimaña. O, también pudiera ser cuando se rebeló su hijo Absalón.
En este salmo, David pide a Dios que le defienda de sus enemigos que le atacan injustamente, y que, además, se burlan de Dios.
Como el salmo es medianamente extenso, leemos cada día unos cuantos versículos para después meditar en ellos.
La Mirada de hoy lleva como título “Reconozcan a Dios” porque David da gran importancia a que Dios sea reconocido y se sepa que no está ausente ni pasa por alto la maldad. Hoy leeremos los versículos doce al quince que dicen así: “Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, Sean ellos presos en su soberbia, Y por la maldición y mentira que profieren. Acábalos con furor, acábalos, para que no sean; Y sépase que Dios gobierna en Jacob Hasta los fines de la tierra. Vuelvan, pues, a la tarde, y ladren como perros, Y rodeen la ciudad. Anden ellos errantes para hallar qué comer; Y si no se sacian, pasen la noche quejándose”.
Vamos con la primera frase estos versículos. Posiblemente los enemigos de David eran gente de la corte y sus palabras, sus intrigas, sus mentiras, sus conspiraciones, podían hacer mucho más daño que los golpes o las heridas, por eso dice de ellos: “Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios”.
David distingue y destaca primero el pecado porque hablan contra Dios.
El castigo que pide para ellos es proporcional a su maldad, no pide más, ni menos, pues dice:
“Sean ellos presos en su soberbia, Y por la maldición y mentira que profieren”, o sea sufran las consecuencias de su conducta. Pero la siguiente petición ya es más fuerte, recordemos que antes pidió no los mates, pues ahora pide que sean totalmente anulados, ya que dice:
“Acábalos con furor, acábalos, para que no sean”.
No perdamos de vista que no solo eran enemigos de David sino también de Dios.
Esto queda aun más claro con lo que David dice a continuación, pues añade: “Y sépase que Dios gobierna en Jacob Hasta los fines de la tierra”.
Y, a continuación aun añade algo más fuerte todavía, pero no olvidemos, que lo que está en juego no es el honor de David, sino el honor de Dios, que aquellos poderosos estaban mancillando, de ahí la dureza de la petición que sigue.
“Vuelvan, pues, a la tarde, y ladren como perros, Y rodeen la ciudad. Anden ellos errantes para hallar qué comer; Y si no se sacian, pasen la noche quejándose”.
Insistir en la rebeldía contra Dios es terrible.
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