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Salmo 60 – Confianza (323)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Hoy terminaremos la meditación en el salmo sesenta, otro de los salmos surgidos de la prolífica pluma de David.

Este salmo trata un tema muy interesante, ya que aborda como reaccionar para con Dios, después de una dolorosa e incomprensible derrota.

Leeremos todo el salmo, para, después, dedicar un tiempo a meditar en los cuatro últimos versículos del mismo, que nos dejan un mensaje de plena confianza.

El salmo sesenta dice así: “Oh Dios, tú nos has desechado, nos quebrantaste; Te has airado; ¡vuélvete a nosotros! Hiciste temblar la tierra, la has hendido; Sana sus roturas, porque titubea. Has hecho ver a tu pueblo cosas duras; Nos hiciste beber vino de aturdimiento. Has dado a los que te temen bandera Que alcen por causa de la verdad. Selah Para que se libren tus amados, Salva con tu diestra, y óyeme. Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré; Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, y mío es Manasés; Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. Moab, vasija para lavarme; Sobre Edom echaré mi calzado; Me regocijaré sobre Filistea. ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me llevará hasta Edom? ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos? Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres. En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos”.

Leído el salmo completo, vamos a leer de nuevo los cuatro últimos versículos del mismo para meditarlos frase por frase.

Los versículos nueve al doce del salmo sesenta dicen así:

“¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me llevará hasta Edom? ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos? Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres. En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos”.

En estos últimos versículos del salmo, regresa la confianza plenamente. La primera frase ya plantea un asalto de la ciudadela enemiga, pues dice: “¿Quién me llevará a la ciudad fortificada?”.

Y ese asalto, el salmista se lo confía a Dios, pues añade:

“¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos?”.

Ese “no salías”, indica que las cosas han cambiado y Dios les va a ayudar decisivamente. Y es que el salmista David tiene muy claro que solamente de Dios puede venir, y vendrá, la ayuda que necesitan, porque la de los hombres no vale para nada, lo dice con estas palabras:

“Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres”.

Se completa el salmo con una afirmación de total confianza pues David dice: “En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos”.

El salmo nos deja dos lecciones muy importantes.

La primera, si Dios permite un fracaso, doloroso e incomprensible, en nuestra vida, eso de ninguna manera significa que nos ha desechado, pues seguimos siendo suyos, seguramente tenía una lección importante para nosotros en la derrota. Segunda, solo Él puede darnos y nos dará la victoria, confiemos.

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