Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. En este viaje continuado a través del libro de los salmos, ya estamos llegando a final del salmo sesenta y tres.
Este salmo fue escrito por el rey David y es una muestra de su intensa vida espiritual, que no fue desvirtuada por los asuntos de gobierno, a pesar de que la carga administrativa era muy grande.
En este salmo David nos cuenta su deseo de vivir de forma aun más completa su comunión íntima con Dios.
Leeremos el salmo entero y después comentaremos los versículos siete al diez.
El salmo sesenta y tres dice así: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca, Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido. Pero los que para destrucción buscaron mi alma Caerán en los sitios bajos de la tierra. Los destruirán a filo de espada; Serán porción de los chacales. Pero el rey se alegrará en Dios; Será alabado cualquiera que jura por él; Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada”.
Sin perder de vista el conjunto del salmo que acabamos de leer, vamos a leer de nuevo los versículos que serán objeto especial de nuestra Mirada de hoy.
Los versículos siete al diez del salmo sesenta y tres dicen así:
“Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido. Pero los que para destrucción buscaron mi alma Caerán en los sitios bajos de la tierra. Los destruirán a filo de espada; Serán porción de los chacales”.
Estos cuatro versículos tienen un rico contenido repartido en dos temas, las razones de David para gozarse en su relación con Dios y el triste fin de sus enemigos, que también lo eran de Dios.
La primera frase es muy clara, reconociendo a Dios como su Salvador, ya que dice:
“Porque has sido mi socorro”. Pero, además, era su permanente protector, en el cual tenía refugio seguro y gozoso, pues añade: “Y así en la sombra de tus alas me regocijaré”. Seguidamente define su intimidad con Dios en una brevísima para clarísima frase, diciendo:
“Está mi alma apegada a ti”. Esta es la máxima intimidad. Pero aun añade otro beneficio muy importante que tenía en su comunión con Dios, ser preservado de caídas, pues confiesa:
“Tu diestra me ha sostenido.”. Pero David tenía enemigos, que, en su mayoría, eran también enemigos de Dios, pues seguidamente se refiere a ellos diciendo: “Pero los que para destrucción buscaron mi alma”.
Seguidamente da a entender que el mismo Dios se ocupará de ellos, pues dice: “Caerán en los sitios bajos de la tierra.
Los destruirán a filo de espada; Serán porción de los chacales”.
Dejemos que Dios se ocupe de nuestros enemigos; vivamos la comunión con Él.
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