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Salmo 64 – Maldad sofisticada (338)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Estamos recorriendo el salmo sesenta y cuatro, avanzando un poco cada día, para no dejar nada atrás, aunque, lo cierto es que, a pesar de ir poco a poco, nos damos cuenta de la gran densidad de contenido de los salmos, y estos breves vistazos que les damos en nuestro programa, servirán, sin duda, para abrir el apetito de aquellos que quieran profundizar en su contenido.

Este salmo fue escrito por David y trata de la ayuda de Dios al que confía en Él.

Vamos a leer el salmo entero porque es breve y eso nos ayuda a entender mejor los versículos que meditaremos hoy. El salmo sesenta y cuatro dice así:

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen. Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo. Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean. Entonces temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán sus hechos. Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón”.

Quedando en mente con que Dios ayuda al que confía en Él, que es el tema del salmo, vamos a poner nuestra Mirada en los versículos cinco y seis en los cuales termina la descripción de los procedimientos de los enemigos del salmista.

Los versículos cinco y seis del salmo sesenta cuatro dicen así:

“Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo”. Vayamos frase por frase.

La primera nos deja ver que los malignos enemigos del salmista no piensan cesar de atacarle pues dice: “Obstinados en su inicuo designio”.

Pero, además no dan la cara, lo hacen a escondidas, pues añade: “Tratan de esconder los lazos”.

Pensando que nadie se va a enterar, que sus ataques pasarán desapercibidos, pues añade el salmista:

“Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver?”. Pero el salmo añade algo más a la descripción de los planes de los enemigos de David, pues da a entender que planean con gran cuidado sus ataques, pues dice: “Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta”.

Un de los errores típicos de los que son atacados, es subestimar al enemigo, incluso sabiendo que “no hay enemigo pequeño”, pero, como hemos visto, no es el caso del salmista, y por eso pidió a Dios ayuda.

Termina el versículo seis refiriéndose a lo escondido de los pensamientos e intenciones humanas, diciendo: “Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo”.

Confiemos a Dios el trato con nuestros enemigos.

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