Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Hoy es el segundo día que dedicamos al salmo sesenta y cinco, uno de los escritos por David.
Este salmo es una canción a Dios por los bienes que Él da generosamente a la humanidad.
Cuando la extensión del salmo lo permite, como es el caso de este salmo, lo leemos entero cada día que meditamos una parte de el, porque esto permite percibir mejor su mensaje.
Vamos pues a leer el salmo sesenta y cinco que dice así: “Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, Y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar. Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones. Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, Y tus nubes destilan grosura. Destilan sobre los pastizales del desierto, Y los collados se ciñen de alegría. Se visten de manadas los llanos, Y los valles se cubren de grano; Dan voces de júbilo, y aun cantan”.
Vamos a leer de nuevo los versículos tres al cinco a los que dedicaremos nuestra Mirada de hoy.
Los versículos tres al cinco del salmo sesenta y cinco dicen así:
“Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar”.
Entre los beneficios que Dios da, el salmista comienza mencionando el mayor, el perdón, pues dice: “Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”. Seguidamente canta a la sublime gracia de Dios, diciendo:
“Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios”. Y sigue con la comunión íntima con Dios al decir:
“Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo”. Añade a continuación su alabanza por la salvación, diciendo:
“Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación”. Y terminan estos versículos cantando a la esperanza, pues dice:
“Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar”.
Enlaza así, perdón, gracia, comunión, salvación y esperanza. Alabemos a Dios.
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