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Salmo 65 – Proveedor (344)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Estamos llegando ya al final del salmo sesenta y cinco, un salmo de David que ensalza la bondad de Dios para con la humanidad.

Como este salmo no es muy extenso, vamos a leerlo entero antes de meditar, como hacemos cada día, en algunos versículos del mismo, porque no queremos dejar atrás ningún versículo de los salmos que comentamos.

El salmo sesenta y cinco dice así: “Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, Y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar. Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones. Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, Y tus nubes destilan grosura. Destilan sobre los pastizales del desierto, Y los collados se ciñen de alegría. Se visten de manadas los llanos, Y los valles se cubren de grano; Dan voces de júbilo, y aun cantan”.

Ahora leído el salmo, pondremos nuestra Mirada sobre los versículos ocho al diez del mismo, que tratan de como Dios bendice la tierra dedicada a los cultivos.

Los versículos ocho al diez del salmo sesenta y cinco dicen así: “Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos”. Vamos a examinarlos frase por frase.

Primero se refiere a la lluvia, con la cual Dios hace la tierra fértil, diciendo:

“Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces”. Si no hay lluvias se secan los ríos, pero la lluvia no es automática, sino, solamente, cuando Dios quiere, eso resalta esta frase que dice:

“Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones”. Pero, cuando Dios da la lluvia, la tierra sedienta se empapa y su fertilidad se recupera, dice la frase siguiente así:

“Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales”. Además, la bondad de Dios sobre su creación, no solo da agua para regar, sino que cuida también de los cultivos, pues sigue diciendo: “La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos”.

¿Somos conscientes de las bondades inmerecidas de Dios sobre el planeta? ¿Nos damos cuenta que es Él quien administra el clima?

Démosle gracias por ello.

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