Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Avanzando un poco cada día, ya estamos llegando al final del salmo sesenta y seis.
Este salmo es un canto de adoración a Dios, que es tanto como decir de reconocimiento de lo que Dios es y hace, que reúne alabanza, proclamación de su señorío, reconocimiento de su escuela de formación para su pueblo, la respuesta del pueblo cumpliendo lo prometido con gratitud, y exaltar la misericordia de Dios.
Hoy meditaremos bajo nuestra Mirada los versículos trece al diecisiete de este salmo sesenta y seis que dicen así:
“Entraré en tu casa con holocaustos; Te pagaré mis votos, Que pronunciaron mis labios Y habló mi boca, cuando estaba angustiado. Holocaustos de animales engordados te ofreceré, Con sahumerio de carneros; Te ofreceré en sacrificio bueyes y machos cabríos. Venid, oíd todos los que teméis a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua”.
El salmo ya está terminando y el salmista dedica estos versículos a comprometerse personalmente a cumplir lo prometido a Dios por medio de los sacrificios y ofrendas de gratitud, y también convoca al pueblo para dar su testimonio personal de forma pública.
El salmista, después de repasar lo recibido de Dios por su pueblo, se compromete a cumplir con gratitud sus deberes como correspondía y comienza diciendo:
“Entraré en tu casa con holocaustos”, es decir, su gratitud se expresaba ofreciendo lo que Dios exigía en su tiempo. Pero deja claro, seguidamente, que era un compromiso personal, que había hecho ante testigos, añadiendo:
“Te pagaré mis votos, Que pronunciaron mis labios”. Y aun completa este compromiso, contraído en los momentos difíciles, añadiendo el por qué, pues añade: “Y habló mi boca, cuando estaba angustiado”.
Seguidamente concreta la abundancia y calidad de su ofrenda especificando variedad y calidad.
Lo hace en dos frases que leemos por separado, ya que en la primera llama la atención el acento en la calidad de la ofrenda para sacrificio, pues dice:
“Holocaustos de animales engordados te ofreceré, Con sahumerio de carneros”. Y añade la variedad que iba a ofrecer, diciendo: “Te ofreceré en sacrificio bueyes y machos cabríos”.
A continuación, convoca a los temerosos de Dios para dar a conocer públicamente su testimonio, pues comienza diciendo:
“Venid, oíd todos los que teméis a Dios”.
Lo que quería dar a conocer era solamente para los que servían a Dios con sincero corazón. Esencialmente, quería compartir con ellos las bendiciones recibidas de Dios en su vida, pues añade: “Y contaré lo que ha hecho a mi alma”. Lo que dice a continuación recoge su petición y su gratitud, es decir, clamó por socorro y lo recibió y agradeció, fijémonos como lo dice, estas son sus palabras:
“A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua”.
Resumiendo estos versículos, el salmista confiesa que había pasado momentos angustiosos y en ellos clamó a Dios por ayuda, comprometiéndose a ofrecer en el templo sacrificios de gratitud.
Como recibió la ayuda, hizo la ofrenda generosamente y además publicó entre los fieles su experiencia.
Sin duda podemos imitarle.
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