Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Hoy comenzamos un nuevo salmo. Se trata del salmo sesenta y ocho, uno de los muchos que escribió David, en este caso dedicado al maestro del coro, es decir, para cantar en el santuario.
Este salmo ensalza especialmente la soberanía de Dios manifestada en su cuidado de su pueblo a lo largo de la historia.
Como el salmo es bastante extenso, solamente leeremos cada día los versículos que vamos a meditar, aunque sin dejar ninguna atrás, porque en este programa estamos comentando los salmos íntegramente, sin saltarnos ni un salmo, ni un versículo, por esa razón, aunque estamos en el programa trescientos cincuenta y cuatro, acabamos de comenzar el salmo sesenta y ocho.
Hoy pondremos nuestra Mirada sobre los tres primeros versículos, iniciando así nuestro acercamiento este salmo con el cual estaremos varios días. Los versículos uno al tres del salmo sesenta y ocho dicen así:
“Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen. Como es lanzado el humo, los lanzarás; Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría”.
Fijémonos con calma en las cosas que dicen estos versículos iniciales del salmo. Comienza como un deseo de ver manifestado el poder de Dios sobre los que le aborrecen, pues dice: “Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos”.
Esto es algo así como decir, Señor, ya es hora de actuar y de demostrar a tus enemigos que no se puede jugar impunemente contigo. Completa ese deseo con estas palabras, que lo confirman: “Y huyan de su presencia los que le aborrecen”.
Pero, seguidamente, ya cambia el tono y en vez de un deseo es una afirmación, muy rotunda y muy gráfica, en la cual imagina el poderoso soplo de Dios que los aleja y dispersa, pues dice: “Como es lanzado el humo, los lanzarás”.
Aún añade otra descripción de la acción irresistible de Dios sobre sus enemigos, diciendo: “Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios”. Lo que parecía sólido y firme se deshace a causa del calor. Antes de entrar en un total cambio de tema, vamos a repasar.
El salmista anticipa que los que se oponen a Dios tienen los días contados, pues su aparente fuerza es efímera y será barrida por Dios de forma fulminante.
Ahora presenta la otra cara de la moneda, lo que sucede con los que llama justos, es decir, los creyentes, los que se toman a Dios en serio, pues comienza diciendo:
“Mas los justos se alegrarán”. Los que esperaban la intervención de Dios, se alegran porque ha puesto las cosas en su sitio y los injustos no han prosperado, por eso añade que su alegría es en Dios, no se alegran por los castigados sino por Dios que ha mostrado su poder y su justicia, pues añade:
“Se gozarán delante de Dios”, y completa el cuadro indicando una alegría espontánea e incontenible que se expresa con todo el cuerpo, bailando de alegría, pues dice:
“Y saltarán de alegría”. Confiemos siempre en la intervención de Dios, Él nunca llega tarde.
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