Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Nuestra visita diaria al libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo sesenta y ocho que estamos recorriendo avanzando un poco cada día.
Hoy pondremos nuestra Mirada sobre los versículos trece al diecisiete de este salmo que fue escrito por David.
El salmo es bastante extenso lo cual impide leerlo entero cada día, como nos gustaría, pero, estamos leyendo unos cuantos versículos en cada programa para ir completando el comentario del salmo.
Podemos recordar que el tema general del salmo es la soberanía y poder eternos de Dios, que se manifiestan a favor de su pueblo, de forma misericordiosa, y haciendo justicia en todo el orbe. Vamos, pues, a leer los versículos que nos corresponden hoy que reivindica al pueblo escogido por Dios.
Los versículos trece al diecisiete del salmo sesenta y ocho dicen así: “Bien que fuisteis echados entre los tiestos, Seréis como alas de paloma cubiertas de plata, Y sus plumas con amarillez de oro. Cuando esparció el Omnipotente los reyes allí, Fue como si hubiese nevado en el monte Salmón. Monte de Dios es el monte de Basán; Monte alto el de Basán. ¿Por qué observáis, oh montes altos, Al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre. Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; El Señor viene del Sinaí a su santuario”.
Seguramente ya nos hemos dado cuenta que en estos versículos el tema es Dios obrando a favor de su pueblo, no porque este lo merezca, sino porque Dios es misericordioso.
Las primeras frases describen su rehabilitación milagrosa, posiblemente refiriéndose a la liberación de Egipto, ya que pasaron de esclavos a señores, pues dicen:
“Bien que fuisteis echados entre los tiestos, Seréis como alas de paloma cubiertas de plata, Y sus plumas con amarillez de oro”. Y las dos siguientes frases describen la derrota de los enemigos opresores, que puede referirse a la derrota total de Egipto y también a los reyes de Canaán, diciendo: “Cuando esparció el Omnipotente los reyes allí, Fue como si hubiese nevado en el monte Salmón”.
A continuación, se describe la superioridad de Dios sobre todo otro poder para siempre, manifestada en la elección del santuario en Jerusalén, aunque puede ir más allá y referirse también al eterno santuario celestial, pues dice el salmo:
“Monte de Dios es el monte de Basán; Monte alto el de Basán. ¿Por qué observáis, oh montes altos, Al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre”. Y, estos versículos que ocupan nuestra Mirada de hoy, terminan afirmando el supremo poder de Dios y su presencia en el santuario como en el pasado se había manifestado en el Sinaí, pues dice:
“Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; El Señor viene del Sinaí a su santuario”. Pertenecer a Dios, como pueblo suyo, es el mayor privilegio posible, porque, además, en relación con Dios, solamente hay dos posiciones posibles, o con Dios o contra Dios.
¿En qué posición estás tú? Aquí no hay neutralidad posible.
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