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Salmo 71 – Historia de un creyente (368)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo setenta y uno, siendo hoy el segundo día que le dedicamos.

Como el salmo es bastante extenso, en vez de leerlo completo cada día, leemos y comentamos unos cuantos versículos, aunque teniendo presente el tema general del salmo.

Este salmo, cuyo autor no conocemos, aunque tiene un estilo muy semejante a David, muestra el sentir y vivir de un creyente que depende de Dios en su necesidad y en su vida.

Hoy comentaremos unos versículos en los cuales nos presenta un resumen de su vida de relación confiada con Dios, aunque preocupado por sus enemigos.

Los versículos seis al once del salmo setenta y uno dicen así:

“En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza. Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares. Porque mis enemigos hablan de mí, Y los que acechan mi alma consultaron juntamente, Diciendo: Dios lo ha desamparado; Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre”.

Ahora, después de leer los versículos que meditaremos hoy, vamos a ir examinando, poco a poco, lo que hemos leído. En las dos primeras frases, el salmista reconoce a Dios como el dador y protector de su vida, pues dice: “En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó”.

Esa es, para el salmista, la primera razón para alabar a Dios cada día, pues añade:

“De ti será siempre mi alabanza”. Los que le conocen son testigos que se asombran de lo que Dios ha hecho en su vida y el salmista sabe que esto es porque en Dios tiene su fortaleza, lo proclama con estas palabras:

“Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte”. Estas reflexiones le llevan de nuevo a la alabanza, reconociendo con ella las maravillas de Dios, pues dice:

“Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día”. Lo que dice a continuación resulta sorprendente, porque parece no expresar confianza, pero se trata, en realidad, de una petición muy emotiva, pues dice: “No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares”.

La causa de la petición que acabamos de ver, se explica ahora, cuando el salmista se refiere a lo que dicen sus enemigos al ver que sus fuerzas decaen a causa de la edad, pues comentan entre ellos: “Porque mis enemigos hablan de mí, Y los que acechan mi alma consultaron juntamente, Diciendo: Dios lo ha desamparado”.

Y es que los enemigos piensan, equivocadamente, que Dios ya no protege a su siervo, cuando a causa de la vejez ya no tiene fuerzas, y por eso dicen:

“Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre”. Seguramente que ya sabes que Dios es igualmente Dios de jóvenes que de viejos, y que su protección sobre los suyos es constante. Confía en Él y no te preocupes de lo que digan los demás. Porque Dios es realmente el único en quien puedes confiar.

Hazlo sin dudar desde hoy.

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