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Salmo 72 – Reino eterno (375)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido por el libro de los salmos llega hoy al final de salmo setenta y dos, con el cual hemos estado durante unos días.

Este salmo, como ya te hemos dicho en días anteriores, es algo así como el programa de gobierno perfecto de un nuevo rey.

Parece que se trata de los deseos de David para su hijo Salomón, cuyo reino, por cierto, alcanzó el máximo esplendor de la monarquía de Israel.

Pero, con todo, las características del reino que el salmo describe, van mucho más allá, y ningún reino humano las ha cumplido todas.

Eso nos hace pensar que solamente son aplicables en su totalidad al reino glorioso del Mesías Jesucristo.

Destacan en el salmo tres aspectos principales del reino, primero, la justicia es perfecta, sin beneficiar a los que más tienen, ni perjudicar a los pobres, a los que se atiende de manera especial; segundo, en el reino hay paz interior y exterior; y tercero, hay una gran prosperidad.

Vamos a leer y comentar los cuatro últimos versículos de este salmo.

Los versículos diecisiete al veinte, del salmo setenta y dos, dicen así: “Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado. Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén. Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí”.

Procurando recordar el conjunto de lo que hemos leído, vamos a comentar, poco a poco, estos versículos que acabamos de leer.

Los gobernantes suelen cuidar su buena fama, mientras están en el poder, aunque es frecuente, que esa fama sea prácticamente fabricada por los medios de comunicación. Pero, los buenos gobernantes, adquieren fama con sus buenos hechos y cuando estos son muy palpables para todo el pueblo su fama se hace perdurable. Este es el caso de este rey, su fama es permanente, pues dice el salmista: “Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol”.

Porque su buen gobierno trajo beneficios a todos en todo lugar y los testimonios al respecto son constantes y entusiastas. Pues dice: “Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado”.

Los últimos compases del salmo se centran ya en el gran Rey de los siglos, el único que gobierna verdaderamente bien, el que es el Dios de su pueblo, pues dice:

“Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas”.

Las últimas frases de este canto al reino perfecto y al rey que lo gobierna, miran hacia el futuro, contemplado su gloria permanente y su implantación global.

Es un canto al que podemos unirnos todos con alegría y convicción, pues dice: “Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén”.

Después de elevarnos a las alturas, el salmo nos deja un breve apunte relacionado con el dulce cantor de Israel, el rey David, y parece un cierre de una serie de salmos que él compuso, pues dice:

“Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí”.

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