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Salmo 75 – Respetad a Dios (387)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Seguimos progresando en nuestro recorrido por el libro de los salmos, avanzando un poco cada día.

Hemos iniciado la visita al salmo setenta y cinco, hoy es el segundo día que le dedicamos, y aun nos ocuparemos del mismo un día más.

Este salmo forma parte de la colección de Asaf, de los cantores del templo. El poder y la perfecta justicia de Dios son los temas del salmo.

Dada la brevedad del salmo, lo leemos completo cada día, para, después, comentar una parte del mismo.

El salmo setenta y cinco dice así: “Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente. Se arruinaban la tierra y sus moradores; Yo sostengo sus columnas. Dije a los insensatos: No os infatuéis; Y a los impíos: No os enorgullezcáis; No hagáis alarde de vuestro poder; No habléis con cerviz erguida. Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece. Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, Lleno de mistura; y él derrama del mismo; Hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra. Pero yo siempre anunciaré Y cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, Pero el poder del justo será exaltado”.

Ahora, después de leer el salmo setenta y cinco, comentaremos, en detalle, los versículos cuatro al siete, que dicen así:

“Dije a los insensatos: No os infatuéis; Y a los impíos: No os enorgullezcáis; No hagáis alarde de vuestro poder; No habléis con cerviz erguida. Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece”.

Estos versículos son una advertencia muy seria contra la prepotencia humana, tan habitual en todas las épocas de la historia. Vamos a examinarlos frase a frase. Creerse superior, sobrevalorarse, es muy típico de los ignorantes, por eso advierte:

“Dije a los insensatos: No os infatuéis”. Asimismo, los malvados, se creen árbitros y señores de sus vidas, sin depender de nadie para nada, por eso les advierte:

“Y a los impíos: No os enorgullezcáis”. Y añade, por si no lo han comprendido bien: “No hagáis alarde de vuestro poder”, es decir, no presumáis de haberlo conseguido por vosotros mismos. Y completa esta advertencia indicándoles la conveniencia de moderar sus auto alabanzas, pues les dice:

“No habléis con cerviz erguida”. La cerviz erguida equivale a la cabeza levantada con orgullo. Y Dios condesciende a explicarles el porqué de sus advertencias, diciéndoles:

“Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez”, es decir, el verdadero reconocimiento de la grandeza lo decide Dios, no el ser humano. Y, para que les quede claro, añade:

“A éste humilla, y a aquél enaltece”. En resumen, respeta a Dios de todo corazón, y no te des importancia a ti mismo, deja que sea Él quien te distinga después de juzgar tu vida.

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