Espacio presentado por Daniel Valuja.
Hoy llegamos al final del salmo setenta y siete que ha ocupado nuestras Miradas durante cinco días, contando este.
Cada día leemos unos cuantos versículos del salmo para después comentarlos en detalle.
Hoy nos dedicaremos a los cinco últimos. Este salmo pertenece a un grupo de doce cuyo autor es Asaf, aunque no sabemos si se trata del Asaf que dirigía el coro del templo, en tiempos de David, o de uno de sus descendientes, ya que su familia mantuvo durante al menos cinco siglos el ministerio de la música en el templo.
El salmo cuenta el cambio en el ánimo del salmista, que, desde estar casi desesperado porque Dios no interviene, termina alabándole en un canto triunfal, porque se da cuenta que su poder se ha manifestado una y otra vez a favor de su pueblo y que Dios no ha cambiado.
Los versículos dieciséis al veinte del salmo setenta y siete, que recuerdan la maravillosa salvación de Egipto, dicen así:
“Te vieron las aguas, oh Dios; Las aguas te vieron, y temieron; Los abismos también se estremecieron. Las nubes echaron inundaciones de aguas; Tronaron los cielos, Y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; Tus relámpagos alumbraron el mundo; Se estremeció y tembló la tierra. En el mar fue tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas. Condujiste a tu pueblo como ovejas Por mano de Moisés y de Aarón”.
Con un lenguaje grandioso y entusiasta, el salmista recuerda, de forma resumida, los acontecimientos del Éxodo. Vamos a seguirlo deteniéndonos en cada frase. Sin duda, las dos grandes maravillas, que asombraron al mundo, fueron, el paso del Mar Rojo y el paso del río Jordán, los recuerda esta frase que dice:
“Te vieron las aguas, oh Dios; Las aguas te vieron, y temieron”.
Pero, enlazando con aquellos sucesos, el salmista canta el absoluto poder de Dios sobre los elementos, la lluvia, y las tormentas más violentas, le obedecen como servidores suyos que son.
Antes de volver al tema del Éxodo, el salmo es un canto vibrante al poder de Dios manifestado en una gran tormenta que reúne toda clase de efectos posibles incluso un terremoto. El párrafo es largo pero, a la vez, magnífico, pues dice:
“Los abismos también se estremecieron. Las nubes echaron inundaciones de aguas; Tronaron los cielos, Y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; Tus relámpagos alumbraron el mundo; Se estremeció y tembló la tierra”.
Como dijimos antes, vuelve de nuevo al Éxodo, ahora en un tono más íntimo y cercano. Vuelve a citar el paso del mar Rojo, diciendo:
“En el mar fue tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas”.
Aun se han encontrado restos de aquel suceso recientemente. Seguidamente, termina el salmo, mencionando el pastoreo amoroso de Dios, hacia la tierra prometida, diciendo:
“Condujiste a tu pueblo como ovejas Por mano de Moisés y de Aarón”. Con el mismo poder, y el mismo amor, conduce Dios en el día de hoy a los suyos, Dios no ha cambiado. Solo déjate guiar, sin dudar nunca.
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