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Salmo 78 – Satisface la sed (403)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Si nos estás siguiendo, ya sabes que estamos recorriendo el libro de los salmos y meditando cada día en una pequeña parte de los mismos.

En estos días estamos ocupándonos del salmo setenta y ocho, que, debido a su extensión, nos llevará varios días completarlo.

El salmo setenta y ocho es un repaso a la historia nacional del pueblo de Dios, que tiene la finalidad de recordarles la inmensa y continua misericordia de Dios, y las reiteradas desobediencias con las cuales correspondieron ellos.

Como es natural, hay lecciones para nosotros, y esa es la finalidad de cada programa. Cada día, leemos unos cuantos versículos del salmo, para situarnos en su tema, y, seguidamente, comentamos un trozo de los mismos. Hoy comentaremos los versículos quince y dieciséis, pero, antes leeremos les versículos doce al veinte.

Los versículos doce al veinte, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. Dividió el mar y los hizo pasar; Detuvo las aguas como en un montón. Les guió de día con nube, Y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto, Y les dio a beber como de grandes abismos, Pues sacó de la peña corrientes, E hizo descender aguas como ríos. Pero aún volvieron a pecar contra él, Rebelándose contra el Altísimo en el desierto; Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?”.

Teniendo delante estos nueve versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los versículos quince y dieciséis, que serán objetivo de nuestra Mirada de hoy, y que dicen así:

“Hendió las peñas en el desierto, Y les dio a beber como de grandes abismos, Pues sacó de la peña corrientes, E hizo descender aguas como ríos”.

El salmista se refiere ahora a otro acontecimiento muy dramático. En su travesía por tierras deshabitadas, llegó un momento en el cual no tenían agua y el pueblo estaba desanimado por la sed, y, a pesar de haber vivido tantas experiencias con Dios, comenzaron a protestar agriamente, desconfiando de Él. Y Dios hizo una nueva maravilla, sacar agua de las rocas secas.

El salmista recuerda este milagro del Dios que provee, en cuatro frases muy descriptivas.

En la primera dice: “Hendió las peñas en el desierto”. Con su poder abrió la roca para darles de beber. Y salió tanta agua como si brotase de un gran río, pues dice el texto: “Y les dio a beber como de grandes abismos”.

El salmo describe con sencillez, pero con claridad, el hecho, diciendo:

“Pues sacó de la peña corrientes”, vamos que de una roca seca, ante los ojos asombrados del pueblo, ahora brota un caudaloso torrente, pues añade: “E hizo descender aguas como ríos”.

Es sorprendente la facilidad con la que olvidamos el poder de Dios. Dios no ha cambiado, su poder no ha menguado, lo único que falla es nuestra confianza en Él.

Busquemos en Dios las soluciones.

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