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Salmo 78 – Castigo inevitable (409)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Estamos meditando cada día un poco del libro de los salmos, con el propósito de comentarlo completo, si Dios lo permite.

De momento, estamos recorriendo el salmo setenta y ocho, en nuestro programa cuatrocientos nueve.

Este salmo es muy extenso, por lo cual, nos ocupará bastantes días.

El salmo setenta y ocho recuerda al pueblo de Dios su ingratitud y desobediencia contra Dios y como este, aunque les castigaba, tenía misericordia de ellos.

Como hacemos cada día, leeremos unos cuantos versículos del salmo, que nos ayudarán a situarnos en el contexto del mismo, para comentar después dos de ellos.

Los versículos veintiuno al treinta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación. Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles. Movió el solano en el cielo, Y trajo con su poder el viento sur, E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Como arena del mar, aves que vuelan. Las hizo caer en medio del campamento, Alrededor de sus tiendas. Comieron, y se saciaron; Les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel. Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.

Ahora, después de leer estos versículos, que nos sitúan un poco en el contenido del salmo, vamos a leer los versículos treinta al treinta y uno que comentaremos en el programa de hoy.

Los versículos treinta y treinta y uno del salmo setenta y ocho dicen así:

“No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel”.

El pueblo había desafiado a Dios su Salvador, provocando su ira, retándole a que les diera pan y carne en el desierto, no pidiendo humildemente, sino como diciendo:

¡Haber si puedes! Así que, después de darles lo que pedían, vino el inevitable castigo a su desafío incrédulo. Pues dice el texto que:

“No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios”.

¡Qué peligroso es dudar de Dios!

Especialmente, después de haber tenido tantas pruebas de su poder y misericordia.

La respuesta de Dios fue terrible, durísima, pues el texto del salmo sigue diciendo que:

“E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel”.

Pero, aun nos queda una duda, ¿Habrían aprendido? Es un privilegio ser salvado por Dios, pero, eso comporta una gran responsabilidad, confiar en Él cada día, pase lo que pase.

Así que te recomendamos, confía en Dios de todo corazón.

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