Espacio presentado por Daniel Valuja.
Nuestro continuado recorrido por el libro de los salmos está deteniéndose, durante unos días, en el salmo setenta y ocho, perteneciente a la colección de Asaf.
Este salmo es el segundo más extenso del salterio y su propósito es enseñarnos la forma en que deben relacionarse con Dios los que forman su pueblo.
Para ello, resume siglos de historia de Israel, dejando muy claro, que, a pesar de las grandes maravillas que Dios obró a su favor, fueron ingratos y desobedientes, olvidando cuanto le debían y acarreando sobre sí el castigo por sus rebeldías.
Con todo, el salmo recuerda como Dios mantuvo con fidelidad las promesas hechas a los padres, y les trataba con una gran misericordia, que ellos no merecían.
Cada día leemos unos cuantos versículos y comentamos dos o tres de ellos.
Los versículos treinta y cuatro al cuarenta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:
“Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto. Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”. Procurando mantener en nuestra memoria los versículos del salmo setenta y ocho que hemos leído, vamos a leer de nuevo los dos últimos, ya que ellos serán el blanco de nuestra Mirada de hoy.
Los versículos cuarenta y dos y cuarenta y tres, que describen con detalle, en pocas palabras, el olvido ingrato del pueblo de Dios, dicen así:
“No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”.
Sin duda alguna, los sucesos culminantes de la historia nacional de Israel, fueron los castigos que Dios descargó sobre Egipto, que conocemos como plagas, y, especialmente, el paso del mar Rojo y la total destrucción del ejército egipcio.
Por eso sorprenden estos versículos que acabamos de leer y que relatan el ingrato olvido de estos hechos, por parte del pueblo, pues, comienza diciendo: “No se acordaron de su mano”.
En realidad, no es que no acordaran, es que actuaron como si no hubiese sucedido, a pesar de ser una sucesión de hechos que hicieron de ellos un pueblo. Sigue diciendo el salmo:
“Del día que los redimió de la angustia”.
Pasar de esclavos a pueblo libre ya no les conmovía.
No querían recordar aquellos días terribles cuando Egipto fue durísimamente castigado para salvarlos a ellos, pues añade:
“Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”.
¡Qué ingratos fueron!
Es necesario que nos examinemos nosotros con sinceridad. ¿Cómo somos para con Dios?
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