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Salmo 78 – Dañada la ganadería (418)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro recorrido por el libro de los salmos, salmo a salmo y versículo a versículo, está avanzando por el salmo setenta y ocho, que es el segundo más extenso del libro de los salmos, y que forma parte de la colección de doce salmos escritos por Asaf.

Este salmo resume la historia del pueblo de Dios, desde la salida de Egipto hasta los tiempos de David y tiene una finalidad didáctica, pues quiere enseñar al pueblo que apartarse de Dios siempre trae consecuencias nefastas.

Por eso el salmo recuerda las muchas desobediencias del pueblo y las dolorosas consecuencias que sufrieron por ello.

Leeremos diez versículos del salmo para tener contexto y comentaremos dos de ellos.

Los versículos cuarenta y cuatro al cincuenta y tres, del salmo setenta y ocho, que recuerdan la liberación de Egipto, dicen así:

“Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha; Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores. Dispuso camino a su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida a la mortandad. Hizo morir a todo primogénito en Egipto, Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos”.

Ahora, que hemos leído estos diez versículos del salmo setenta y ocho, que nos recuerdan los diez juicios, o castigos que Dios envió sobre Egipto, para que dejasen libre a su pueblo, y seguramente nos hemos fijado en cada castigo era mayor que el anterior, vamos a leer de nuevo los versículos cuarenta y ocho y cuarenta y nueve, que describen el juicio de Dios sobre la ganadería de Egipto.

Recordemos que primero hubo un aviso general para el pueblo con las aguas en sangre, la muerte de los peces, y la invasión de piojos moscas y ranas.

Después, como no hicieron caso, vino la pérdida total de las cosechas, y, como tampoco hicieron caso, según veremos hoy, perdieron toda la ganadería. La población de Egipto ya estaba en la ruina total. Pues estos versículos dicen así:

“Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores”. Primero se describe el daño con estas palabras:

“Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos”.

No hace falta saber mucho para darse cuenta de la tragedia para un pueblo agrícola y ganadero. Después agrega la razón, pues dice:

“Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia”. Y, por último, menciona las agentes de Dios, pues dice:

“Un ejército de ángeles destructores”.

Los egipcios aprendieron que no hacer caso a los avisos de Dios era terrible. ¿Y nosotros?

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