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Salmo 79 – La gran derrota (429)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro recorrido por los salmos comienza hoy el salmo setenta y nueve.

Este salmo también es parte de la colección de Asaf, pero corresponde a otra época muy distinta del salmo anterior, pues el setenta y ocho nos sitúa en el tiempo de David, y este, tras la destrucción de Jerusalén y del templo por los babilonios, que ocurrió unos cuatro siglos más tarde.

En este salmo se relata magistralmente resumida, la destrucción de la ciudad y del santuario y se eleva una ardiente petición a Dios por restauración.

Cada día, como acostumbramos, leeremos unos cuantos versículos para adentrarnos en el contenido del salmo y después comentamos parte de los mismos.

Hoy leeremos los primeros ocho versículos del salmo setenta y nueve que dicen así:

“Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Redujeron a Jerusalén a escombros. Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, La carne de tus santos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, Y no hubo quien los enterrase. Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores. ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob, Y su morada han asolado. No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, Porque estamos muy abatidos”.

Después de leer estos versículos que nos sitúan perfectamente en el tema del salmo setenta y nueve, vamos a leer de nuevo y comentar los primeros cuatro versículos, que describen la terrible destrucción de Jerusalén y del santuario, pues dicen así:

“Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Redujeron a Jerusalén a escombros. Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, La carne de tus santos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, Y no hubo quien los enterrase. Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores”.

Veamos los cuatro pasos de esta vívida descripción. Primero menciona el santuario diciendo:

“Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; Han profanado tu santo templo”. Después se refiere escuetamente a la ciudad, diciendo:

“Redujeron a Jerusalén a escombros”. Seguidamente, dedica mucho espacio a describir la terrible carnicería, pues dice:

“Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, La carne de tus santos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, Y no hubo quien los enterrase”.

Y, por último, dirige su atención a los pueblos vecinos, que fueron testigos de la brutal masacre, y dice:

“Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores”.

¡Qué terribles son las consecuencias del pecado!

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