Espacio presentado por Daniel Valuja.
En nuestro diario recorrido por el libro de los salmos ya estamos llegando al final del salmo ochenta y dos, y, a la vez, estamos también terminando la colección de los salmos de Asaf, pues solamente nos queda el salmo ochenta y tres para terminarla.
Asaf y sus descendientes eran levitas y se ocupaban de la música del santuario durante la monarquía y después del exilio.
Este salmo ochenta y dos denuncia de parte de Dios las injusticias de los gobernantes con los más débiles de la sociedad y les exige dejar de favorecer a los ricos y ser justos con los necesitados.
Una peculiaridad de este salmo, es que llama dioses, con minúscula, a los gobernantes.
El salmo ochenta y dos dice así:
“Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos. No saben, no entienden, Andan en tinieblas; Tiemblan todos los cimientos de la tierra. Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; Porque tú heredarás todas las naciones”.
Ahora, tras leer el salmo, recordemos que el salmo llama dioses, con minúscula, a los gobernantes, y les exige ser justos, denunciando sus constantes abusos contra los pobres, y favoreciendo a los ricos.
Los versículos seis y siete que ahora leeremos de nuevo, les recuerdan a esos gobernantes que no vivirán para siempre, lo cual quiere decir, que tendrán que comparecer ante Dios, para dar cuenta de sus injusticias.
Los versículos seis y siete, del salmo ochenta y dos, que vamos a repasar ahora, dicen así:
“Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis”.
La primera frase es chocante, pues llama dioses a los gobernantes, tal vez en el sentido de que impartían justicia y gobernaban, aunque fuese injustamente. Esta frase es citada por el mismo Señor Jesucristo en el mismo sentido.
La frase dice: “Yo dije: Vosotros sois dioses”.
Pero, por si esto de ser dioses, aunque fuese con minúscula, se les subía a la cabeza, seguidamente les recuerda que todos están bajo el señorío de Dios, pues dice:
“Y todos vosotros hijos del Altísimo”. Pero, además, seguidamente, les recuerda que, por muy importantes que se crean, morirán como cualquier ser humano, pues agrega: “Pero como hombres moriréis”.
Y es que la muerte iguala a todos los seres humanos, sin excepción, ante ella no hay riqueza ni pobreza, no hay importante ni desconocido, todos compareceremos por igual delante de Dios, por eso les dice: “Y como cualquiera de los príncipes caeréis”.
Aunque no seamos importantes, sí es importante que recordemos esto, todos tenemos que comparecer ante la presencia del Dios eterno para dar cuenta de nuestras vidas; de nosotros depende que tengamos que agachar la cabeza mucho o poco.
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