Espacio presentado por Daniel Valuja.
Estamos recorriendo el salmo ochenta y siete, un salmo dedicado a los hijos de Coré, posiblemente con motivo de una fiesta solemne.
A pesar de ser breve tiene una gran densidad y trata de la ciudadanía del reino celestial, declarando que esa ciudadanía será universal.
El desarrollo del salmo se hace tomando como referencia el santuario de Jerusalén, pero apuntando al glorioso santuario celestial, la ciudad de Dios.
El salmo trata de la fama de la ciudad celestial, de sus ciudadanos y del censo de los mismos. Iremos leyendo el salmo cada día para ir comentándolo poco a poco. El salmo ochenta y siete dice así:
“Su cimiento está en el monte santo. Ama Jehová las puertas de Sion Más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá. Y de Sion se dirá: Este y aquél han nacido en ella, Y el Altísimo mismo la establecerá. Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí. Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti”. Ahora, que hemos leído el salmo entero, vamos a detener nuestra Mirada en el versículo cuatro del mismo, para examinarlo en detalle. El versículo cuatro del salmo ochenta y siete, que se refiere a la procedencia universal de los ciudadanos de la ciudad de Dios, dice así:
“Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá”.
Está muy claro que este versículo va mucho más allá del tiempo en que fue escrito, porque se refiere a la procedencia de los ciudadanos de la ciudad de Dios y esa procedencia es de otras naciones ajenas a Israel, y no solo ajenas, sino enemigas acérrimas. Ya que, se mencionan aquí a los que, juntamente con los nacidos en la Sion física, han adquirido la ciudadanía de la ciudad de Dios por la fe.
Proceden de otras naciones pero son ciudadanos de la ciudad celestial.
Son los que vienen del oriente y del occidente gracias a la grandiosa gracia de Dios que por medio de la fe los ha alcanzado.
¡Qué precioso es poder decir con el apóstol Pablo: “nuestra ciudadanía está en los cielos”!
Comienza refiriéndose el versículo a los que han alcanzado la ciudadanía celestial por la fe, pues dice:
“Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen” y “los que me conocen” son los que creen en Dios, sean de donde sean. Sigue diciendo que han alcanzado la ciudadanía como si fuesen nativos, pues dice:
“He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá”.
Causa gran sorpresa leer que entre los enemigos seculares hay ciudadanos de la ciudad de Dios. Nunca nos asombraremos lo suficiente del alcance de la maravillosa gracia de Dios.
No hay distancia, ni profundidad, ni lejanía, que queden fuera de su alcance.
Esa gracia maravillosa te espera si te vuelves humildemente a Dios reconociendo tus pecados y poniendo tu confianza en el sacrificio sustitutorio de Cristo en tu lugar.
No lo dejes para otro día, puede ser tarde.
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