Espacio presentado por Daniel Valuja.
Ya estamos llegando al final de este monumental salmo ochenta y ocho.
El salmo más triste de la Biblia, a pesar de ser dedicado por un músico, llamado Hemán, a otros músicos del santuario, los hijos, o descendientes, de Coré; porque, en este salmo solamente hay lamentos, quejas y angustia y dolor, que son presentados continuamente en súplicas a Dios, pero sin respuesta.
En toda la Biblia no hay un salmo tan oscuro como este, ya que lo único que brilla en él es el ruego perseverante del salmista, quien, a pesar de no recibir respuesta, ni cesar su dolor, insiste cada día, suplicando delante de Dios.
Vamos a leer la segunda mitad del salmo, para, después, comentar los versículos dieciséis y diecisiete. La segunda mitad del salmo ochenta y ocho dice así:
“¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, O tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, Y tu justicia en la tierra del olvido? Mas yo a ti he clamado, oh Yahweh, Y de mañana mi oración se presentará delante de ti. ¿Por qué, oh Yahweh, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí tu rostro? Yo estoy afligido y menesteroso; Desde la juventud he llevado tus terrores, he estado medroso. Sobre mí han pasado tus iras, Y me oprimen tus terrores. Me han rodeado como aguas continuamente; A una me han cercado. Has alejado de mí al amigo y al compañero, Y a mis conocidos has puesto en tinieblas”.
Como ya hemos leído los versículos finales del salmo ochenta ocho, ahora vamos a repasar más en detalle, los versículos dieciséis y diecisiete del mismo, que atribuyen claramente a Dios lo que le está pasando al salmista, pues dicen así:
“Sobre mí han pasado tus iras, Y me oprimen tus terrores. Me han rodeado como aguas continuamente; A una me han cercado”. Vamos a examinarlos despacio.
La primera frase deja entender que había pecado en su vida y Dios estaba airado con él, pero el castigo era muy duro, pues dice:
“Sobre mí han pasado tus iras”, aunque como dice “han pasado”, puede ser que se refiera a algo ya superado, pero la frase siguiente vuelve al presente y en ella dice algo así como que el miedo a la acción sancionadora de Dios está presenta y es muy intensa, pues dice: “Y me oprimen tus terrores”.
El salmista se siente como si se estuviese ahogando sin poder salir del agua en ningún momento, pues dice:
“Me han rodeado como aguas continuamente”. Se siente tan oprimido por el temor que no ve escapatoria alguna por ninguna parte, por eso dice:
“A una me han cercado”, como si esos temores fuesen un ejército que rodea su vida sin darle opción alguna para librarse. Vamos a leer de nuevo estos versículos que hemos comentado, para comprenderlos mejor, dicen así:
“Sobre mí han pasado tus iras, Y me oprimen tus terrores. Me han rodeado como aguas continuamente; A una me han cercado”.
Con todo, a pesar de todo, el salmista sigue orando sin cesar. Imitémosle.
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