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Salmo 89 – Alabanza por el pacto (486)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Iniciamos hoy el abordaje del salmo ochenta y nueve. Este salmo parte de la alabanza a Dios por lo que es y hace, continúa recordando en detalle su pacto con David, después, se queja amargamente de lo que parece un abandono por parte de Dios y termina con un intenso ruego pidiendo liberación.

Como es muy extenso, leeremos y comentaremos cada día unos pocos versículos.

Nuestra mirada de hoy se dedicará a los primeros cuatro versículos del salmo. Los versículos uno al cuatro del salmo ochenta y nueve dicen así:

“Las misericordias de Yahweh cantaré perpetuamente; De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; En los cielos mismos afirmarás tu verdad. Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las generaciones”.

Ahora, después de leer estos cuatro primeros versículos del salmo ochenta y nueve, vamos a saborearlos lentamente, para intentar quedarnos con toda su esencia.

La palabra de Dios, leída de prisa es como un paisaje, pero examinada con calma es como una flor que se abre para darnos su aroma.

Estos versículos son el comienzo de un canto de alabanza a Dios en su primera parte y en la segunda resume el pacto de Dios con David.

La primera frase del salmo nos recuerda un maravillosa característica del carácter de Dios, que siempre es motivo de alabanza: su misericordia, pues dice: “Las misericordias de Yahweh cantaré perpetuamente”.

Recordemos qua la misericordia es el ejercicio de la compasión hacia los miserables que no lo merecen, es decir, el amor que Dios muestra hacia los que lo necesitamos pero no lo merecemos. La frase siguiente dice: “De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca”.

La fidelidad de Dios es la absoluta seguridad de que cumplirá todos sus compromisos con nosotros. Sigue diciendo el salmo otra frase muy consoladora, con estas palabras:

“Porque dije: Para siempre será edificada misericordia”. Porque la misericordia de Dios no un gesto de vez en cuando, sino una actitud permanente. Y añade:

“En los cielos mismos afirmarás tu verdad”. La verdad de Dios lo hace totalmente fiable, cuando Él dice algo, es absolutamente cierto. Ahora el salmista recuerda las palabras de Dios resumiendo su pacto con David en tres frases muy contundentes.

Comienza con estas palabras introductorias: “Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo”.

Es un compromiso de Dios con David, y solo Dios se compromete, pero, no solo se compromete, también lo jura, para que no quede duda. Las dos frases siguientes describen lo esencial del pacto.

La primera dice: “Para siempre confirmaré tu descendencia”. Y la segunda frase, que complementa la primera, dice:

“Y edificaré tu trono por todas las generaciones”. Es decir, Dios se compromete a tener para siempre un descendiente de David reinando.

Nuestro tiempo no da para más, pero recordemos que Cristo, en su humanidad, es descendiente de David, y Él es el Rey eterno. Dios nunca falta a su palabra. Confía en Él.

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