Espacio presentado por Daniel Valuja.
Estamos recorriendo el salmo ochenta y nueve, escrito por uno de los cantores del templo, llamado Etán, y parece ser en un momento difícil, ya que, después de recordar la grandeza de Dios y su pacto con David, se queja porque Dios parece haber olvidado sus compromisos ya que su pueblo está sufriendo.
Como el salmo es muy extenso leeremos cada día cuatro o cinco versículos y los comentaremos hasta terminar todo el contenido del salmo.
Los versículos cinco al ocho, del salmo ochenta y nueve, de los cuales se ocupará hoy nuestra Mirada, dicen así:
“Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Yahweh, Tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará a Yahweh? ¿Quién será semejante a Yahweh entre los hijos de los potentados? Dios temible en la gran congregación de los santos, Y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él. Oh Yahweh, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Yahweh, Y tu fidelidad te rodea”.
Después de leer estos cuatro versículos del salmo ochenta y nueve, que describen el asombro ante Dios, tanto en la tierra como en el cielo, vamos a desgranarlos, poco a poco.
La primera frase nos sitúa en las moradas eternas, donde se cantan sus glorias, pues dice: “Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Yahweh”.
La segunda frase especifica un poco más ya que señala una grandiosa reunión de salvados que aclaman las maravillas reales y permanentes de Dios en su majestuosa presencia, pues dice:
“Tu verdad también en la congregación de los santos”.
La razón del asombro, es, sencillamente, que se mire a donde se mire, nadie posee tal gloria, tal grandeza, así lo plantean las dos frases siguientes, la primera refiriéndose al conjunto, pues dice:
“Porque ¿quién en los cielos se igualará a Yahweh?”.
Y, la segunda le exalta entre los grandes poderes celestes diciendo:
“¿Quién será semejante a Yahweh entre los hijos de los potentados?”.
Seguidamente vienen otras dos frases que repiten el argumento en relación al pueblo salvado, que puede ser en el cielo como en la tierra, y que sugiere una gran reverencia, pues dice: “Dios temible en la gran congregación de los santos”. Y la idea se repite, pero ahora claramente en los cielos pues añade: “Y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él”.
Terminan estos versículos este canto de asombro ante Dios, con cuatro frases breves, que describen aspectos importantes de Dios.
La primera se refiere a su poder invencible para vencer, ya sea atacando o defendiendo, pues dice: “Oh Yahweh, Dios de los ejércitos”.
La segunda vuelve a expresar el asombro ante Dios, pues dice escuetamente:
“¿Quién como tú?”. La tercera se refiere a su condición de Todopoderoso de manera sencilla y directa, diciendo: “Poderoso eres, Yahweh”. Y la cuarta frase recuerda algo que es también parte del ser de Dios y motivo de confianza, pues dice:
“Y tu fidelidad te rodea”.
Nos hará mucho bien concentrarnos en meditar con asombro en la grandeza y gloria de Dios, sobre todo porque desde su excelsa gloria vino a buscarnos en nuestra indignidad.
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