Espacio presentado por Daniel Valuja.
Continuamos nuestro recorrido por el salmo ochenta y nueve.
Este salmo fue escrito por uno de los músicos del templo, llamado Etán, y en el salmo, se alaba a Dios por su pacto con el rey David, que, en total cumplimiento, incluye al llamado en el Nuevo Testamento Hijo de David, es decir, a Jesucristo.
Al final del salmo hay una queja y una petición, debido a estar pasando un doloroso tiempo de prueba.
Este salmo es muy extenso y por esa razón leemos y comentamos cada día unos cuantos versículos.
Los versículos veinticuatro al veintinueve, del salmo ochenta y nueve, que hoy comentamos, dicen así:
“Mi verdad y mi misericordia estarán con él, Y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el mar, Y sobre los ríos su diestra. El me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación. Yo también le pondré por primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia, Y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, Y su trono como los días de los cielos”.
Después de leer estos versículos, en los cuales se completan las promesas del pacto de Dios con David, vamos a ir comentándolos poco a poco.
La primera frase que hemos leído son un compromiso muy valioso, porque incluye la fidelidad de Dios y su compasión, ya que dice: “Mi verdad y mi misericordia estarán con él”.
La frase siguiente recuerda que los éxitos de David, y de sus descendientes, dependerían siempre de Dios, de obrar en su nombre, pues dice:
“Y en mi nombre será exaltado su poder”. Pero lo que sigue da a entender que la promesa llega mucha más allá que David, es decir, incluye al descendiente de David, Jesucristo, pues añade:
“Asimismo pondré su mano sobre el mar, Y sobre los ríos su diestra”.
En realidad, se entremezclan las referencias a David con las que al mismo tiempo señalan al Mesías.
Lo que sigue parece referirse a David, pues dice:
“El me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación”.
Pero lo que sigue a esto, señala, sin duda, al gran Hijo de, David, a Jesucristo, pues dice:
“Yo también le pondré por primogénito”. Porque, como ya dijimos antes, el pacto con el rey David, incluye a su descendencia, especialmente a Jesús, el hijo de David, el Rey eterno. Así que, en general se refiere a David, pero se mezclan las referencias a Cristo, porque es parte de la promesa. Por ejemplo, la frase siguiente, que dice:
“El más excelso de los reyes de la tierra”. Que es aplicable a los dos. Veamos las dos frases siguientes que garantizan cuidado amoroso y fidelidad, pues dicen: “Para siempre le conservaré mi misericordia, Y mi pacto será firme con él”. Y, a continuación viene otra frase ambivalente, es decir, aplicable a los dos, pues dice:
“Pondré su descendencia para siempre”. Porque la descendencia de David por excelencia era Cristo.
Y la última frase estos versículos es claramente referida al Cristo, pues dice: “Y su trono como los días de los cielos”.
Lo más hermoso de todo es que los que creen en Cristo son también herederos de los beneficios de esta promesa.
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