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Salmo 92 – Amor fiel (511)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Iniciamos hoy nuestro encuentro con el salmo noventa y dos, un hermoso salmo, de origen anónimo, que desarrolla de forma completa la experiencia de la salvación. Vamos a leer el salmo para comprobarlo.

El salmo noventa y dos dice así:

“Bueno es alabarte, oh Yahweh, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche, En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa. Por cuanto me has alegrado, oh Yahweh, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo. ¡Cuán grandes son tus obras, oh Yahweh! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto. Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruidos eternamente. Mas tú, Yahweh, para siempre eres Altísimo. Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán esparcidos todos los que hacen maldad. Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Yahweh, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Yahweh mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia”.

Después de esta primera lectura del salmo noventa y dos, comentaremos los versículos uno al tres que dicen así:

“Bueno es alabarte, oh Yahweh, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche, En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa”.

Estos versículos ensalzan los fundamentos de la salvación que se hallan en el carácter de Dios.

Las dos primeras frases reconocen en Dios al Único digno de alabar: el Dios eterno y fiel que es sobre todas las cosas, pues dicen: “Bueno es alabarte, oh Yahweh, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo”.

Seguidamente nos descubre el salmo el primer gran fundamento de la salvación: la compasión de Dios hacia nuestras miserias y necesidades, diciendo: “Anunciar por la mañana tu misericordia”. Es decir dándola a conocer a los cuatro vientos desde las primeras luces del día.

¿Qué sería de nosotros, si no nos hubiese alcanzado el misericordioso amor de Dios?

La frase siguiente describe de forma clara y sencilla la garantía de esa misericordia, pues dice: “Y tu fidelidad cada noche”.

Esa fidelidad de Dios es el perfecto complemento de su misericordia, ya que garantiza la permanencia de su amor misericordioso hacia nosotros, los pecadores.

No se trata de una emoción pasajera, sino de una actitud firme y permanente.

Cierran estos versículos iniciales del salmo la descripción de los instrumentos que el salmista sugiere que suenen con dulzura, pues dice:

“En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa”. El propósito salvador de Dios, para todo ser humano, no ha cambiado.

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