Espacio presentado por Daniel Valuja.
Nuestras Miradas siguen admirando el salmo noventa y dos, un salmo que habla de la salvación.
Leeremos entero porque así percibimos su conjunto y después comentamos una parte del mismo.
El salmo noventa y dos dice así: “Bueno es alabarte, oh Yahweh, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche, En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa. Por cuanto me has alegrado, oh Yahweh, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo. ¡Cuán grandes son tus obras, oh Yahweh! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto. Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruidos eternamente. Mas tú, Yahweh, para siempre eres Altísimo. Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán esparcidos todos los que hacen maldad. Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Yahweh, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Yahweh mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia”.
Conservando en mente este salmo noventa y dos, vamos a leer de nuevo los versículos siete al nueve, para, después, examinarlos con detalle.
Estos versículos hablan del terrible destino de los que rechazan a Dios, pues dicen así:
“Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruidos eternamente. Mas tú, Yahweh, para siempre eres Altísimo. Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán esparcidos todos los que hacen maldad”.
El salmista se da cuenta que los que desprecian a Dios son muchos, y cada día aparecen más, es una conclusión sorprendente, pues dice: “Cuando brotan los impíos como la hierba”.
Parece que son mayoría, o sea, que llevan las de ganar. Pues, además, añade: “Y florecen todos los que hacen iniquidad”, vamos, que no solamente hay muchos y cada día más, sino que, además, les va bien.
Eso lo vemos a diario. Pero, seguidamente, el salmista descubre la situación completa, revelando lo que no se ve a primera vista, pues resulta que con toda esa prosperidad y atractivo, caminan hacia un destino espantoso, pues dice.
“Es para ser destruidos eternamente”, es decir, el aparente éxito terminará en fracaso eterno.
Pero, o continuación presenta un contraste grandioso, la grandeza y majestad de Dios es intocable, pues dice:
“Mas tú, Yahweh, para siempre eres Altísimo”. Y vuelve a describir el triste destino de los que no quieren tener a Dios en cuenta, pues en tres frases dice:
“Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán esparcidos todos los que hacen maldad”.
Esta claro que ir contra Dios no vale pena.
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