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Salmo 92 – Victoria por gracia (514)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Estamos llegando casi al final del salmo noventa y dos, que trata de la salvación, como obra de Dios.

Cada día lo leemos entero, para saborear mejor su contenido, y después comentamos una parte del mismo.

El salmo noventa y dos dice así:

“Bueno es alabarte, oh Yahweh, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche, En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa. Por cuanto me has alegrado, oh Yahweh, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo. ¡Cuán grandes son tus obras, oh Yahweh! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto. Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruidos eternamente. Mas tú, Yahweh, para siempre eres Altísimo. Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán esparcidos todos los que hacen maldad. Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Yahweh, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Yahweh mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia”.

Después de leer este salmo noventa y dos entero, vamos a leer de nuevo los versículos diez y once para examinarlos con nuestra Mirada de hoy.

Los versículos diez y once del salmo noventa y dos, marcan un cambio total con los anteriores que se refieren a los rebeldes contra Dios, pues estos dicen así: “Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos”.

Naturalmente, ya nos hemos dado cuenta que el salmo se dirige a Dios y es a Dios a quien el salmista atribuye el regalo de sus triunfos, pues comienza diciendo:

“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo”, y seguramente, no se trataba de fuerzas físicas, sino de fortaleza moral y espiritual, mucho más valiosa, pues añade:

“Seré ungido con aceite fresco”. Esto es, distinguido especialmente por Dios, lo cual es la máxima distinción posible. Pero, el salmista aun reconoce más regalos que Dios le ha prometido y que son motivo de su cántico, pues, seguidamente dice:

“Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos”, es decir, Dios me dará victoria sobre mis enemigos, por los mirará desde arriba, porque estarán humillados.

Lo completa con la frase siguiente, que se refiere a las noticias de la victoria que Dios le dará sobre sus enemigos, pues dice que:

“Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos”.

Estos versículos que meditamos hoy nos recuerdan que las victorias que valen la pena son las el mismo Dios nos regala, no las que nosotros conseguimos.

Luchemos las batallas de Dios y Él dará la victoria.

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