Espacio presentado por Daniel Valuja.
Continuamos todavía, por cuarto día, dedicando nuestra atención al salmo noventa y ocho.
Cada día leemos el salmo entero y comentamos con detalle una parte del mismo, que hoy serán los versículos cuatro al seis.
Este salmo noventa y ocho canta la grandeza de Dios. Vamos, pues, a leerlo. El salmo noventa y ocho dice así:
“Cantad a Yahweh cántico nuevo, Porque ha hecho maravillas; Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Yahweh ha hecho notoria su salvación; A vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Cantad alegres a Yahweh, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Yahweh con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Yahweh. Brame el mar y su plenitud, El mundo y los que en él habitan; Los ríos batan las manos, Los montes todos hagan regocijo Delante de Yahweh, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud”.
Después de leer este salmo y antes de comentar, como dijimos antes, los versículos cuatro al seis, vamos a leer estos versículos de nuevo ya que centrarán nuestra reflexión a partir de este momento.
Los versículos cuatro al seis, del salmo noventa y ocho, que cantan el dominio universal de Dios, dicen así: “Cantad alegres a Yahweh, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Yahweh con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Yahweh”. Vamos frase a frase.
La primera reúne tres aspectos de la alabanza dedicada a Dios: canción alegría y universalidad, porque dice:
“Cantad alegres a Yahweh, toda la tierra”. La segunda frase subraya la intensidad de la manifestación musical de alegría, y añade le referencia al himnario, pues dice: “Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos”.
Las tres frases siguientes, sin perder de vista que Dios es el motivo del salmo, agregan los instrumentos a utilizar para acompañar a las voces; así que, ya tenemos el coro y la orquesta, pues dicen estas tres frases:
“Cantad salmos a Yahweh con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina”.
Para completar la escena, solamente nos falta el motivo de esta vibrante canción a Dios, y lo encontramos en la última y brevísima frase con la cual termina el versículo seis del salmo noventa y ocho, y que es el centro de nuestra Mirada de hoy, dedicada a la grandeza del señorío de Dios.
Porque un hecho que puede pasar desapercibido en las prisas diarias y en los grandes movimientos sociales, culturales y políticos, es que, por encima de todo poder, de todo dominio, de toda autoridad, no solo en el planeta en que vivimos, sino en todo el universo, hay un único Señor, y este cántico se dedica a Él, tal como dice esta última frase del versículo seis, diciendo que esta gran canción se presenta:
“Delante del rey Yahweh”.
Ojalá no olvidemos nunca que hay un solo y supremo Señor sobre toda la historia.
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