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Salmo 102 – Sufrimiento en soledad (553)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Estamos comenzando nuestro acercamiento al salmo ciento dos y cada día examinamos dos o tres versículos del mismo.

Siempre que podemos, en este programa de Miradas, leemos el salmo entero, o una parte del mismo, para tener presente el contexto de los versículos que comentamos, porque ayuda a comprenderlos mejor.

Como este salmo es bastante extenso, hemos decidido leer durante unos días los once primeros versículos del mismo e ir comentándolos, poco a poco, y así haremos, si Dios quiere, con el resto del salmo.

El salmo ciento dos es una oración que trata dos temas principales, la primera parte, en los versículos uno al once, describe el dolor y la soledad del salmista, y, la segunda parte, proclama la esperanza que le ayuda a soportar su sufrimiento y soledad.

Vamos a leer una vez más, esa primera parte del salmo antes de comentar los versículos seis y siete del mismo. Los versículos uno al once, del salmo ciento dos, dicen así:

“Yahweh, escucha mi oración, Y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; Inclina a mí tu oído; Apresúrate a responderme el día que te invocare. Porque mis días se han consumido como humo, Y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido, y seco como la hierba, Por lo cual me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos; Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí. Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, Y mi bebida mezclo con lágrimas, A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado. Mis días son como sombra que se va, Y me he secado como la hierba”.

Bien, ya hemos leído esta primera parte del salmo ciento dos, que cuenta el gran sufrimiento y la gran soledad del salmista, ahora vamos a leer de nuevo los versículos seis y siete que ponen el acento sobre la soledad, y que son el tema de nuestra Mirada de hoy.

Los versículos seis y siete, del salmo ciento dos, dicen así:

“Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el búho de las soledades; Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado”.

En estos versículos, para destacar su extrema soledad se compara a aves solitarias, sin ninguna compañía amiga, sin ningún apoyo animador.

La primera frase se refiere a un ave marina, aunque hay una especie que vive en tierra; los pelícanos anidan en tierra y suelen ser solitario, especialmente en ciertos momentos, pues dice el salmo: “Soy semejante al pelícano del desierto”.

La siguiente frase se refiere nuevamente a un ave nocturna y solitaria, pues dice: “Soy como el búho de las soledades”.

Y la tercera frase es una ilustración de cuando duermen los demás él no puede y como un ave que se queda sola cuando ya se fue la bandada, pues dice: “Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado”.

Estar solo en el sufrimiento aumenta mucho el dolor; eso es lo quiere decir el salmista. Pero ora a Dios.

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