Espacio presentado por Daniel Valuja.
Continuamos recorriendo el salmo ciento dos, un salmo medianamente extenso, por lo cual hemos repartido su lectura en tres partes, de tal forma que durante cinco días hemos leído cada día la primera parte, durante cinco días estamos leyendo la segunda parte, y durante cinco días, Dios mediante, leeremos la tercera parte.
Esto lo hacemos para tener siempre presente el contexto de lo que comentamos, ya que lo comentamos versículo por versículo.
Este salmo ciento dos trata dos temas, en primer lugar, en los versículos uno al once, el salmista expone su sufrimiento delante de Dios, pidiendo ayuda.
En segundo lugar, entre el versículo doce y el veintiocho, el salmista habla de la esperanza del pueblo de Dios. Hoy leeremos los versículos doce al dieciocho, para detenernos, después, en el versículo diecisiete, que será el blanco de nuestra Mirada de hoy.
Los versículos doce al dieciocho, del salmo ciento dos, dicen así: “Mas tú, Yahweh, permanecerás para siempre, Y tu memoria de generación en generación. Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, Porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado. Porque tus siervos aman sus piedras, Y del polvo de ella tienen compasión. Entonces las naciones temerán el nombre de Yahweh, Y todos los reyes de la tierra tu gloria; Por cuanto Yahweh habrá edificado a Sion, Y en su gloria será visto; Habrá considerado la oración de los desvalidos, Y no habrá desechado el ruego de ellos. Se escribirá esto para la generación venidera; Y el pueblo que está por nacer alabará a JAH”.
Como ya hemos leído esta segunda parte, de las tres en las hemos dividido el salmo, para leer cada día algo del contexto del versículo que comentamos, vamos a leer de nuevo el versículo que ocupa hoy nuestra Mirada, y se trata del versículo diecisiete que habla de la esperanza en la compasión de Dios, el versículo diecisiete, del salmo ciento dos, dice así:
“Habrá considerado la oración de los desvalidos, Y no habrá desechado el ruego de ellos”.
Un aspecto del carácter de Dios que siempre llama nuestra atención es su compasión. Compasión, que se ha manifestado una y otra vez a lo largo de la historia, a favor de los que no la merecíamos.
El salmista se anticipa aquí al cumplimiento de las promesas de Dios y se fija en su compasión pues dice que entre los receptores de sus bendiciones estarán los que le suplican ayuda a causa de su necesidad y a los cuales Él contestará.
Comienza mencionando a los que no reciben atención de parte de nadie diciendo: “Habrá considerado la oración de los desvalidos”.
Y recalca que atenderá sus peticiones sin poner objeciones, pues dice: “Y no habrá desechado el ruego de ellos”.
Y es que para Dios no hay clases sociales, sino, solamente necesitados que lo reconocen y necesitados que no lo reconocen, a los que reconocen su necesidad les atiende, a los que no lo hacen los rechaza. Y todos, absolutamente todos, somos necesitados ante Dios.
Por mucho que tengas, ante Dios eres un necesitado, reconócelo y te ayudará. No lo dejes para mañana. Dios espera tu petición.
Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.
Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.