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    Ucrania: La guerra olvidada que exige verdad y paz

    En el fragor del conflicto, la verdad se convierte en la primera víctima. Mientras las potencias financian una guerra que ya no recuerda sus orígenes, en el Donbás se libra una batalla silenciosa por la supervivencia y la memoria. Analizamos las claves de un enfrentamiento que exige, más que nunca, una mirada crítica y un clamor por la paz.

    Con Ramón Ubillos y Miguel Díez. 6 de octubre de 2026.

    Guerra en Ucrania. La Gran Olvidada. Foto: Volodymyr Vovkodon - Wikimedia.

    Imagen de agencias. Foto: Volodymyr Vovkodon - Wikimedia.

    El conflicto que no empezó en 2022

    La historia reciente de Ucrania es un puzle de narrativas interesadas. Para comprender la magnitud del drama actual, es imprescindible retroceder a 2014. Allí, en el corazón industrial del Donbás, se gestó una guerra civil que Occidente prefirió ignorar. Las regiones de Donetsk y Lugansk se levantaron contra un gobierno central que, tras el Maidán, prometía un giro radical. La respuesta de Kiev no fue el diálogo, sino la artillería.

    Miguel Díez lo expresa con claridad meridiana: «Me ha gustado mucho escuchar el discurso de una ucraniana del Donbás, que es rusa en realidad. Explicó con una clarividencia estremecedora cómo se gestó la guerra de 2014, una guerra civil que organizó Ucrania contra su propia gente, contra el Donbás, por ser prorrusa, con una persecución feroz.» Ocho años de bombardeos silenciados por los grandes medios. Más de 14.000 muertos, según la ONU, en un conflicto que se libró en el corazón de Europa mientras la comunidad internacional miraba hacia otro lado.

    La falacia de la amenaza rusa

    Uno de los mantras más repetidos en las cancillerías occidentales es la supuesta intención de Rusia de invadir Europa. Una afirmación que, a la luz de los hechos, carece de todo fundamento. Ramón Ubillos lo desmonta sin rodeos: «Es mentira que Rusia pretenda atacar Europa. Rusia incluso está ofreciendo volver a vender gas a Alemania para salvarla, que es lo único que la salvaría. Y es curioso que Von der Leyen vaya a Ucrania a ofrecerle energía barata, cuando no tienes suficiente para ti misma.»

    Miguel Díez añade un matiz revelador: «Esa mentira de que desde Bielorrusia están mandando drones es mentira. ¿De quién son esos drones? No nos dicen qué marcas son ni cómo son. Para mí que están queriendo provocar a Rusia constantemente a ver si comete un error.» La realidad es que Rusia, lejos de buscar una expansión territorial, ha manifestado en repetidas ocasiones su interés por una convivencia pacífica. Sin embargo, el complejo militar-industrial y los tecnócratas del nuevo orden mundial parecen empeñados en mantener viva la llama de una guerra que solo beneficia a sus intereses.

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    Una diputada, una verdad, un clamor

    En medio del ruido ensordecedor de la propaganda, surgen voces valientes que se atreven a desafiar el relato oficial. Una de ellas es la de una diputada ucraniana del Donbás, cuyo testimonio, recogido en nuestra tertulia, ilumina una verdad incómoda. Con una clarividencia estremecedora, describió cómo el gobierno de Kiev lanzó una guerra contra su propia gente, una persecución feroz contra los que se atrevieron a reclamar su identidad y su derecho a hablar ruso.

    Su relato desmonta la falacia de una Ucrania unida y democrática. Habla de la manipulación de los medios, de la corrupción, de la financiación extranjera de grupos radicales. Y sobre todo, habla del sufrimiento de un pueblo que se siente traicionado por todos. Miguel Díez recuerda que «Rusia lo que quería era entrar en la comunidad económica europea y no lo dejaron. Lo que quiere es seguir creciendo y defendiendo sus principios. De ninguna manera ha querido entrar en el sistema del nuevo orden mundial.»

    El verdadero coste de la guerra

    Mientras los líderes mundiales se reúnen en cumbres y prometen miles de millones en ayuda militar, la realidad en el terreno es desoladora. La OTAN, en su última cumbre en Ankara, se ha comprometido a proporcionar al menos 70.000 millones de euros en armamento y asistencia para Ucrania en 2026, una cifra que confirma la escalada de un conflicto que podría haberse evitado hace años con diplomacia y respeto.

    Ramón Ubillos lanza una advertencia que resuena con fuerza: «Rusia ha dicho: "Ya está bien. Ustedes, países europeos que pertenecen a la OTAN, siguen ayudando a Ucrania para machacarnos a nosotros." Y es que Ucrania está destrozando estructuras petroleras y de energía. Es un empecinamiento que no merece ni un muerto más.» Cada misil lanzado, cada euro invertido en destrucción, es una oportunidad perdida para la paz.

    El clamor de la fe: oración por la paz

    En medio de tanta oscuridad, la fe se alza como un faro de esperanza. Diversas organizaciones cristianas y líderes religiosos de todo el mundo han hecho un llamamiento a la oración por la paz en Ucrania. El Consejo Ucraniano de Iglesias y Organizaciones Religiosas (UCCRO) ha convocado una oración global para el 24 de agosto, pidiendo el fin de la guerra y la protección de los inocentes.

    Miguel Díez concluye con un llamado a la responsabilidad: «Nosotros amamos ese país y estamos en cinco puntos de Ucrania, pero la realidad es muy diferente de lo que cuentan. Seguimos orando por la paz en Ucrania y desde aquí pedimos oración.» La oración es un acto de resistencia, una declaración de que la esperanza no se rinde, de que la paz no es una utopía, sino una promesa que se construye día a día con fe, compasión y valentía.


    Este análisis forma parte del programa Tertulia de Amigos.

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