Espacio presentado por Daniel Valuja.
Hoy cumplimos nuestro tercer día con el salmo cien. Este salmo es anónimo, no sabemos quien fue su compositor, pero no tenemos ninguna duda acerca de que fue alguien para quien adorar a Dios era una actitud profundamente sentida y ejercida.
Adorar es, sencillamente, reconocer delante de Dios su deidad, sus obras y su carácter manifestado en su forma de tratar a la humanidad.
Hoy detendremos nuestra Mirada en el versículo tres del salmo, pero, antes, vamos a leerlo completo, porque todo el salmo ilumina cada uno de sus versículos y cada versículo contribuye a darle al salmo su carácter especial.
El salmo cien dice así: “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Yahweh con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Yahweh es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Yahweh es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones”.
Ahora, que hemos leído el salmo entero vamos a leer de nuevo el versículo tres, que nos ofrece tres importantísimas razones por las cuales adorar a Dios, para, después, comentarlo despacio. El versículo tres del salmo cien dice así:
“Reconoced que Yahweh es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”.
Este versículo es el más denso de todo el salmo, pues, como acabamos de decir recuerda tres razones por las cuales debemos adorar alegremente a Dios. Veamos, la primera razón es porque solamente Él es Dios, no hay otro a quien adorar y Él se ha dado a conocer por nosotros para que podamos reconocerle. Así que, la primera razón para adorar a Dios es porque Él es el único Dios, no hay otro. Pues la primera frase de este versículo tres del salmo cien dice. “Reconoced que Yahweh es Dios”.
La segunda razón que ofrece este versículo como motivo para adorar a Dios es que Él es nuestro Creador, es muy interesante que no dice que creó todo cuanto existe sino, solamente, que nos creó a nosotros, lo cual da por entendido, que creó todo lo demás, pero lo hace más personal, pues dice esta segunda frase del versículo tres:
“Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos”. Así que, cada uno de nosotros, somos creación personal de Dios, ese es otro motivo para adorar con alegría. Y aun recuerda el salmo un tercer motivo para adorar a Dios con alegría, pues añade:
“Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”, es decir, los que hemos respondido al llamamiento de Dios y le adoramos con nuestro canto, con nuestras oraciones y con nuestro servicio, formamos parte de otros muchos, de cualquier raza, de cualquier lugar y de cualquier idioma y juntamente con ellos formamos un pueblo especial, el pueblo de Dios.
De hecho, el salmo tiene un acento comunitario, lo cual no excluye a quien adora en solitario. Recordemos de nuevo este versículo tres del salmo cien que dice:
“Reconoced que Yahweh es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”. Adorémosle.
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