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Salmo 101 – Justicia en la familia (549)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Seguimos avanzando cada día un poquito por el libro de los salmos.

Vamos poco a poco porque este libro está lleno de tesoros y hace falta ir despacio para valorarlos y para admirarlos, y para enriquecer así nuestro conocimiento de la preciosa Palabra de Dios.

Estamos terminando el salmo ciento uno, dedicado todo él a cantar la justicia, ya que solamente nos queda un día más con él. Este salmo ciento uno fue escrito por David, el salmista por excelencia, y es una muestra más de la capacidad que Dios le dio para escribir poesía espiritual que reúne conocimiento de Dios con conocimiento del alma humana.

Cada día leemos el salmo entero, cuando es breve como este, y después comentamos una pequeña parte del mismo, así que, vamos a leerlo. El salmo ciento uno dice así:

“Misericordia y juicio cantaré; A ti cantaré yo, oh Yahweh. Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”. Ahora que ya hemos leído el salmo ciento uno entero, como hacemos cada día, vamos a leer la parte del mismo que ocupará nuestra atención en el día de hoy.

Se trata del versículo siete que dice así: “No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos”.

Hemos llegado al ámbito de puertas adentro, al terreno donde nos movemos cada día, al espacio donde somos más vulnerables, porque estamos en confianza. Y David, el salmista autor del salmo, nos deja un par de sugerencias, a partir de su actitud justa dentro de su casa.

Cuando en una casa viven otras personas ajenas a la familia, como era el caso del salmista, hace falta cuidar mucho quien se mete en casa, y eso hace él. Vamos a ver los dos criterios que nos deja.

Primeramente exige integridad para compartir su espacio personal, no menciona las cualidades profesionales sino las morales, pues dice:

“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude”. Un comportamiento fraudulento de un colaborador tan cercano, comprometería su propia integridad.

La segunda cosa que no consentía en los que colaboraban tan cerca de él era el engaño.

Los que trabajaban con él tenían que ser dignos de confianza, pues afirma: “El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos”.

La labor de equipo es muy gratificante, pero los miembros del equipo, sobre todo en la obra de Dios, han de ser íntegros y sinceros. Si no tienen esas cualidades, las demás serán inútiles.

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