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Salmo 101 – Justicia en las relaciones (548)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro recorrido por el libro de los salmos nos ha traído ya hasta el salmo ciento uno.

Este es uno de los muchos salmos que escribió David, como autor de la mayoría de los ciento cincuenta que forman el salterio.

Este salmo ciento uno está especialmente dedicado a la justicia vivida en todos los ámbitos de la vida, tanto los devocionales, como los públicos y privados, así como, en el mundo profesional.

Cada día leemos el salmo entero para realzar el conjunto y tenerlo delante al comentar una parte del mismo.

Así que, vamos a leer el salmo entero. El salmo ciento uno dice así: “Misericordia y juicio cantaré; A ti cantaré yo, oh Yahweh. Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; Ninguno de ellos se acercará a mí. Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos. De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, Para exterminar de la ciudad de Yahweh a todos los que hagan iniquidad”.

Como ya hemos leído el salmo entero, lo cual nos servirá para entender mejor los versículos que vamos a examinar, vamos a leer de nuevo los versículos cinco y seis y después les dedicaremos nuestra Mirada.

Los versículos cinco y seis, del salmo ciento uno, dedicados a la justicia en las relaciones, dicen así:

“Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso. Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá”. Estos dos versículos tienen dos partes muy claras, lo que David no consiente y lo que a David le agrada, en sus relaciones. Vamos pues con lo primero: lo que él no soporta.

Menciona en primer lugar al que cobardemente destruye el buen nombre de otros sin dar la cara, pues dice:

“Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré”. Así que, el que tira la piedra y esconde la mano, lo tiene muy difícil con David. Pero aun presenta otro perfil de injusticia, el del orgulloso y soberbio, que mira a todos por encima, y se cree más que nadie, pues dice:

“No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso”. Desde luego esas dos clases de personas no estarían entre sus amigos. Pero, en cambio, busca amigos y colaboradores entre otra clase de personas, veamos. Primero, los que viven con fidelidad ante Dios, pues dice:

“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo”. La familia no se puede escoger, pero los amigos sí.

Este es un buen criterio. También piensa lo mismo de sus colaboradores, pues añade: “El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá”. Solamente queda imitarle.

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