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Salmo 103 – Bendiciendo perdonado (569)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Estamos avanzando, poco a poco, por el salmo ciento tres, que es uno de los salmos más conocidos de la Biblia. Este salmo fue escrito por David, que fue autor de la mayoría de los salmos.

La rica experiencia del autor con Dios y la riqueza de sus experiencias espirituales se dejan ver en este salmo.

El tema general del salmo es bendecir a Dios, es decir, recordar sus maravillas en el trato con la humanidad. Por eso hemos titulado el salmo “Bendiciendo”, aunque sería más completo el título si fuese “Bendiciendo a Dios”.

Dada la extensión del salmo leemos cada día algunos versículos para tener presente el contexto del versículo que comentaremos, así que, vamos a leer.

Los versículos uno al seis, del salmo ciento tres, dicen así: “Bendice, alma mía, a Yahweh, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahweh, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Yahweh es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia”. Ahora que ya hemos leído los seis primeros versículos que nos permiten tener una visión general del tema, vamos a comentar el versículo cuatro, pero, ante vamos a leerlo de nuevo, para tenerlo más reciente en nuestra memoria. El versículo cuatro, del salmo ciento tres, dice así:

“El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias”. Este versículo dice dos cosas extraordinarias. La salvación de la muerte y los regalos posteriores. Recordemos que este es un diálogo del creyente consigo mismo llamando a la alabanza a Dios por sus bondades. Hemos puesto como título a este salmo, como hemos dicha antes:

“Bendiciendo” porque es un repaso a los dones que Dios por su gracia y misericordia da a los que le buscan. Volvemos al versículo cuatro, la primera frase dice:

“El que rescata del hoyo tu vida”, recuerda, se lo está diciendo el creyente a su alma, o sea, se lo dice a si mismo. Dios le ha salvado de la muerte. No sabemos si solo se refiere a un momento de gran peligro o si se refiere a la salvación eterna, pero el tono general del salmo parece indicar lo segundo, aunque puede incluir lo primero.

En todo caso, cuando el creyente repasa este salmo, y llega a esta frase puede decir, parafraseando al apóstol Pablo, “el me dio vida cuando estaba muerto por mis delitos y pecados”.

Recibir la vida eterna es un don insuperable y motivo suficiente para todo el salmo, pero, el salmista sigue y dice:

“El que te corona de favores y misericordias”. Así que, alaba a Dios por su perdón, por la salvación y porque, además, sigue enriqueciendo su vida con nuevos y ricos dones. Y entre esos dones destaca la misericordia, esa compasión amorosa de Dios con los suyos.

¿Cómo no alabar con entusiasmo ante tanto bien recibido? ¿Has repasado tu propia vida? ¿Has prestado atención a los dones que, sin merecerlos, te ha dado a ti? Pues imita al salmista y alábale. Tienes muchas razones para hacerlo.

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