Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 12 Contra Dios
Versículos 3-4: Orgullo aplastado
Bienvenidos a Miradas. Seguimos dedicando nuestras Miradas al breve salmo doce, uno de los que escribió David.
Comienza el salmo con una petición de ayuda a Dios a causa de la maldad que se manifiesta en una sociedad en la que ya no se encuentran creyentes fieles y consagrados, pero el centro del salmo es un firme testimonio de la intervención de Dios contra los que viven del engaño y de la miseria de sus semejantes, Dios les hará justicia conforme a su perfecta verdad que se contrasta con los dichos malintencionados y engañosos de los hombres de esta sociedad. Hoy nos ocuparemos de la primera parte de esa segura afirmación en la que amplía aun más la descripción de los malvados. Vamos a leer el salmo para comprobarlo.
El salmo dice así: “Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres. Habla mentira cada uno con su prójimo; Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón. Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, Y la lengua que habla jactanciosamente; A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros? Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, Ahora me levantaré, dice Jehová; Pondré en salvo al que por ello suspira. Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces. Tú, Jehová, los guardarás; De esta generación los preservarás para siempre. Cercando andan los malos, Cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres”.
Después de leer el salmo vamos a detener nuestra Mirada de hoy en los versículos tres y cuatro del mismo, donde se dice lo que Dios hará con los prepotentes engañadores para después aclarar específicamente el porqué.
Veamos pues lo que Dios hará que estos versículos describen así: “Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, Y la lengua que habla jactanciosamente; A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?”.
Vamos por partes. La sentencia es clara y definitiva para los engañadores profesionales:
“Jehová destruirá todos los labios lisonjeros”. No quedará ni uno. Pero el salmo añade algunos datos a la descripción de esta clase de personas.
Podemos fijarnos en tres de esas características.
La primera es que son orgullosos, pues el salmo los incluye en el castigo divino cuando dice: “Y la lengua que habla jactanciosamente”.
Pero también señala su prepotencia al atribuirles el siguiente dicho: “Por nuestra lengua prevaleceremos”.
Están seguros de contar con un arma invencible: su habilidad verbal. Y, por último, se destaca su rebeldía contra Dios, pues dicen:
“Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?”. Como diciendo, hacemos con nuestras palabras lo que queremos, no estamos sometidos a nadie.
¿Te suenan estas actitudes ante Dios? ¿Jactancia, poderío y desobediencia? ¿Algo así como yo sé, yo puedo, yo no me someto?
Mucho cuidado, con Dios no se puede jugar, toda rebeldía tendrá terribles consecuencias. Sométete humildemente a Él y te irá bien.
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