Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 13 Probado
Versículos 3-4: Urgente
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y hemos llegado al salmo trece cuya meditación ya hemos iniciado.
Este salmo, que es también de David, es muy breve, pues solamente tiene seis versículos y le dedicamos tres Miradas sucesivas.
El salmista está pasando por una prueba dura que parece no tener final.
Hoy, en nuestra segunda Mirada a este salmo, nos detendremos en los versículos tres y cuatro del mismo, aunque leeremos el salmo entero como hacemos siempre que no sea muy extenso, porque, como decimos a menudo, esto permite examinar el fragmento al que dedicamos nuestra Mirada del día a la luz de todo el contenido del salmo.
El salmo, presenta una situación de prueba difícil y que parece no tener final, y tiene tres partes muy definidas, la queja, en los dos primeros versículos, la ferviente oración en los dos siguientes y la declaración de confianza en los dos últimos.
Vamos a leerlo fijándonos bien en su contenido para comprobar lo que hemos dicho, dice así:
“¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, Con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, Porque me ha hecho bien”.
Después de escuchar al salmista en su queja, su petición y su alabanza pongamos nuestra Mirada con más detenimiento en su petición de los versículos tres y cuatro que dicen así:
“Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara”.
Es necesario situarnos en la relación del salmista con Dios para entender bies este intenso ruego. David es siervo de Dios y se siente dependiente de Dios por lo que sus derrotas son derrotas en el territorio de Dios ya que él es de los suyos. La petición se inicia en dos partes diciendo:
“Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte”.
Primero pide contestación, ser atendido y también conservar la vida. Seguidamente expone la situación diciendo: “Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara”.
Las victorias de David siempre fueron las victorias de Dios así que si un enemigo le vencía pensaría que el Dios de David no era tan fuerte ya que se le podía vencer.
Si pertenecemos a Dios, si somos sus hijos, podemos identificarnos con David en su petición.
Cuando lo estamos pasando mal y oramos sentimos la necesidad de percibir de alguna manera una respuesta, necesitamos saber que somos escuchados.
Muchas veces esa respuesta llega poderosa por medio de una sencilla promesa de la Escritura que de repente llega a nuestra memoria y nos devuelve la tranquilidad.
Eso le sucedió a David. Si estamos sirviendo al Señor y por eso somos atacados, ya se encargará Él de nuestra defensa.
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