Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 18 – Defendido (91)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 18 Testimonio

Versículos 1-3: Defendido

Bienvenidos a Miradas. Iniciamos hoy el salmo dieciocho, un salmo de David en el cual cuenta especialmente sus experiencias con Dios en sus luchas contra enemigos poderosos.

Este salmo, por ser tan extenso, lo leeremos poco a poco comenzando hoy por los versículos uno al tres que dicen así:

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”.

El resumen de estos tres versículos y, por lo tanto, el título de nuestra Mirada de hoy, podría ser: Defendido, pues, como hemos leído, ¡Qué bien defendido estaba David!

Vamos a saborear en tres etapas este grandioso comienzo del salmo.

Es muy interesante comprobar que en esas tres frases, que veremos con detalle, la salvación obrada por Dios es el tema. Vamos con la primera frase del salmo que dice así:

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador”.

Esa declaración de “te amo” tiene como origen las experiencias que va a ir desgranando a lo largo del salmo.

En aquellos tiempos una fortaleza bien construida podía resistir los ataques de enemigos con toda tranquilidad. David atribuye a Dios su fortificación invencible, pues le llama “fortaleza mía. roca mía y castillo mío”.

David termina esta primera frase del salmo alabando a Dios por ser su Salvador, pues le llama “mi libertador”.

En la segunda etapa de este inicio del salmo se completa la alabanza a Dios por su defensa, y, de nuevo, por su salvación. Dice así esta segunda frase que hemos escogido:

“Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”.

David añade ahora más datos de su relación íntima con Dios, pues comienza diciendo “Dios mío”. Y es que para David Dios no era solamente el Dios universal, que también lo era, sino, especialmente, su Dios personal.

Seguidamente, siguiendo en ese tono íntimo, dice: “fortaleza mía, en él confiaré”.

Expresando así su descanso sencillo y real en la defensa de Dios. Aun añade otra confesión sincera y emocionada al decir:

“Mi escudo, y la fuerza de mi salvación”. Siendo Dios su escudo, ninguna agresión podía alcanzarle. Y termina esta frase confesando, que a pesar de ser David un excelente guerrero y tener un ejército bien entrenado, la victoria, la salvación personal dependía de la fuerza de Dios.

La tercera etapa de este comienzo del salmo reconoce a Dios digno de su alabanza y anticipa su victoria al decir:

“Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”.

La salvación de sus enemigos, que David pide a Dios, y que era segura, hace a Dios digno de ser alabado.

Lo más interesante del salmo es que es una oración en la cual David reconoce delante de Dios todo lo que hemos visto y le alaba por ello.

¿Has repasado delante de Dios cuantos motivos tienes para alabarle, o solamente te has fijado en aquellas cosas que a ti te parece que te faltan?

Haz hoy ese repaso y da gracias a Dios.

Más de

¿Quieres seguir escuchando?

Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.

Sigue explorando: Cargando temas...
Explorar todos los audios por temas →

¿Buscas un programa anterior que no ves aquí?

Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.

Ver cómo funciona →