Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 18 Testimonio
Versículos 7-14: Poderoso
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro paseo por el salmo dieciocho en el cual David da un brillante testimonio de lo que Dios había sido y era para él.
Cuando los salmos que traemos a este programa son breves, los leemos enteros, pero este es muy extenso y por eso iremos poniendo un trocito cada día bajo nuestra Mirada.
Veremos hoy un trozo bastante extenso, que abarca los versículos siete al catorce en los cuales David describe con grandiosidad a su Poderoso Defensor Celestial poniéndose en marcha para defenderle del ataque de poderes espirituales.
En realidad describe, con mucho detalle, una visión de la gloria de Dios. Recordemos que en los versículos anteriores David pide socorro angustiado por el acoso de fuerzas malignas que amenazan su vida.
Primero leeremos estos versículos seguidos y después nos fijaremos en los detalles. Estos ocho versículos dicen así:
“La tierra fue conmovida y tembló; Se conmovieron los cimientos de los montes, Y se estremecieron, porque se indignó él. Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego consumidor; Carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; Y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín, y voló; Voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; Granizo y carbones ardientes. Tronó en los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz; Granizo y carbones de fuego”.
Primero describe algo muy importante, Dios se indigna por han tocado a uno de los suyos y su indignación conmueve el planeta, pues dice:
“La tierra fue conmovida y tembló; Se conmovieron los cimientos de los montes, Y se estremecieron, porque se indignó él”.
¡Qué importante es para Dios cada uno de sus hijos! Después describe algo del aspecto temible de Dios enfadado al compararlo con humo fuego y brasas ardientes pues dice:
“Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego consumidor; Carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; Y había densas tinieblas debajo de sus pies”.
Solo imaginar este despliegue ya produce espanto a cualquier poder.
Añade el esplendor de sus movimientos para salir al encuentro de los enemigos espirituales del salmista pues dice:
“Cabalgó sobre un querubín, y voló; Voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos”.
El pánico inmovilizará a las huestes del mal sabiendo que van a ser destruidas. A continuación describe la llegada al campo de batalla de Invencible Defensor diciendo:
“Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; Granizo y carbones ardientes. Tronó en los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz; Granizo y carbones de fuego”.
A veces necesitamos, como los siervos de Dios en la antigüedad, percibir la gloria de Dios, para ser conscientes de que no estamos solos en la lucha sino formando parte de un ejército cuyo Caudillo es el Dios Eterno y Todopoderoso.
Él es quien marca los tiempos y es, sin duda alguna, el Vencedor definitivo.
¡Gloria a Él!
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