Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 18 Reconocido
Versículos 46-50: Reconocido
Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro paseo por el salmo dieciocho en el cual David da un brillante testimonio de lo que Dios había sido y era para él.
Cuando los salmos que traemos a este programa son breves, los leemos enteros, pero este es muy extenso y por eso hemos ido poniendo un trocito cada día bajo nuestra Mirada.
Hoy llegamos al final de este magnífico testimonio que David da de Dios en los versículos cuarenta y seis al cincuenta, que cierran el salmo, con un apasionado reconocimiento y alabanza y con una promesa de proclamarlo ante los pueblos.
Después de haber visto a Dios respaldando acompañando dando victorias extraordinarias, sin importar la cantidad o poder de los enemigos, no es extraño que el salmista se manifieste con tanto entusiasmo.
Vamos a leer estos cinco versículos, del cuarenta y seis al cincuenta, eu dicen así:
“Viva Jehová, y bendita sea mi roca, Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;
El Dios que venga mis agravios, Y somete pueblos debajo de mí; El que me libra de mis enemigos, Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí; Me libraste de varón violento. Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre. Grandes triunfos da a su rey, Y hace misericordia a su ungido, A David y a su descendencia, para siempre”.
El salmo es personal, es decir, se trata de un reconocimiento personal de David delante de Dios.
Así que todo el salmo es una oración de sincera gratitud y no unas palabras para impresionar a los que escuchan y se ve que conforme va recordando las maravillas de Dios a su favor se va encendiendo su corazón hasta que de sus labios sale ese clamor que aparece al comienzo del versículo cuarenta y seis antes de hacer un brevísimo resumen de sus motivos, David con gran fervor dice:
“¡Viva Jehová!, y bendita sea mi roca, Y enaltecido sea el Dios de mi salvación”.
Seguidamente, en el versículo cuarenta y siete, comienza diciendo algo nuevo que Dios ha hecho por él, David no se ha defendido de las ofensas recibidas, es Dios mismo quien lo hace.
¡Precios ejemplo! Termina el versículo proclamando de nuevo la acción de Dios doblegando las voluntades de sus enemigos.
El versículo cuarenta y siete dice así:
“El Dios que venga mis agravios, Y somete pueblos debajo de mí”.
El cuarenta y ocho repìte un par de razones ya señaladas antes, pero añade la protección de Dios ante los incontrolados que aprovechan cualquier ocasión para derrochar violencia.
Dice así este versículo:
“El que me libra de mis enemigos, Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí; Me libraste de varón violento”.
En el cuarenta y nueve añade una promesa que formaba parte de los privilegios del pueblo de Dios, dar a conocer sus maravillas ante los demás pueblos. Seguimos teniendo el mismo deber y privilegio.
Este versículo dice:
“Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre.”.
Por último, el salmo termina mirando al futuro de victoria eternal para el pueblo creyente, señalando seguramente al que lo hizo posible el Hijo de David, Jesucristo. Pies este versículo cincuenta dice:
“Grandes triunfos da a su rey, Y hace misericordia a su ungido, A David y a su descendencia, para siempre”.
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