Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 22 Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.
Versículos 9-10: Escogido
Bienvenidos a Miradas. En nuestro paseo por los salmos hemos llegado al salmo veintidós.
Un salmo de David, que en su primera parte presenta un cuadro de dolor y angustia a causa de un trato muy cruel e injusto. Aunque este salmo surge de una situación concreta de la vida de David, las descripciones de su sufrimiento son un detallado anticipo, y por lo tanto proféticas, de la muerte de Jesucristo ocurrida mil años después. Y de hecho, el salmo veintidós aparece citado en el relato de la crucifixión en los cuatro evangelios.
Vamos a recordar el comienzo del salmo hasta el versículo trece para hacernos una idea de lo que hemos comentado, y después nos fijaremos en los versículos nueve y diez con más detalle.
El salmo comienza así: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía. Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude. Me han rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mí su boca Como león rapaz y rugiente”.
Volvamos a leer los versículos nueve y diez que dicen así: “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.
En la primera parte del salmo hay dos “pero” que son como anclas de la confianza en una situación terrible, el primero en el versículo tres y este en el versículo nueve.
Aquí el salmista se apoya en que Dios le ha escogido desde antes de nacer y por eso, a pesar de las circunstancias tan adversas, confía en Él.
Leamos de nuevo estos versículos para fijarnos en eso. “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.
Estas palabras rebosan total confianza en medio del sufrimiento. Es como si el salmista dijese, no sé lo que pasa, no sé porque me has dejado solo en medio de enemigos crueles, no sé porque permites que sea tratado como una escoria, no sé porque permites que se burlen de tu relación conmigo, pero, con todo, confío en Ti, porque soy tuyo porque Tú lo has querido así.
¿Es el Dios de David tu Señor?
¿Estás sufriendo de la forma más injusta sin que Dios haya intervenido? Sigue confiando en Él como David.
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