Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo de David Necesitado de dirección y perdón
Versículos 19-22: Defiéndeme
Bienvenidos a Miradas. Nuestra excursión por los salmos continúa y ya hemos llegado al final del salmo veinticinco.
Este salmo presenta la necesidad del salmista que pide ayuda para caminar con seguridad por la vida y perdón para sus pecados, pero lo hace con confianza en Dios.
En este paseo por los salmos estamos disfrutando de descubrimientos hermosos cada día, descubrimientos que son el resultado de conocer las intimidades espirituales de los salmistas en su relación con Dios.
Vamos a leer la segunda parte del salmo veinticinco antes de reflexionar en los últimos cuatro versículos del mismo.
“Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande. ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, Y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre hacia Jehová, Porque él sacará mis pies de la red. Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; Sácame de mis congojas. Mira mi aflicción y mi trabajo, Y perdona todos mis pecados. Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma, y líbrame; No sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, Porque en ti he esperado. Redime, oh Dios, a Israel De todas sus angustias”.
Después de leer este trozo del salmo vamos a reflexionar en los cuatro versículos finales, que leemos de nuevo, y que dicen así:
“Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma, y líbrame; No sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, Porque en ti he esperado. Redime, oh Dios, a Israel De todas sus angustias”.
Este final del salmo completa y resume la petición del salmista e incluye a su pueblo, el pueblo de Dios. Comienza esta parte de la petición pidiendo ser defendido de sus enemigos, de los enemigos de su alma, pues dice:
“Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen. Guarda mi alma, y líbrame”.
Es muy interesante que el salmista pide, sobre todo ser guardado, espiritualmente.
Después plantea el honor de Dios como razón para ser defendido, usa este argumento dos veces, pues dice:
“No sea yo avergonzado, porque en ti confié. Integridad y rectitud me guarden, Porque en ti he esperado”.
Esto es algo así como, Señor, que yo les digo que me fio de ti, no me falles, por favor.
No dejes que se burlen de mí por haber confiado en ti y ayúdame a seguir confiando pase lo que pase.
Por último, en el cierre del salmo, el salmista también ora por el pueblo de Dios en general.
Después de exponer su caso personal no se olvida de los demás que también sufren, también tienen necesidades, y, que, lo mismo que el salmista, no se lo merecen, por eso dice:
“Redime, oh Dios, a Israel De todas sus angustias”.
Es decir, sálvalos por tu misericordia. Oremos por lo demás.
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