Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 26 Equilibrio
Versículos 9-12: Dos mundos
Hola. Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido a través de los salmos nos ha llevado hasta el salmo veintiséis, que terminaremos hoy con una última Mirada a su contenido.
Este salmo de David manifiesta una gran integridad por parte del salmista en su relación con Dios pero, a la vez, reconoce que necesita de su ayuda misericordiosa ya que a pesar de su fidelidad necesita redención y esa, solo puede recibirla de la misericordia de Dios.
Vamos a leer el salmo para detener después nuestra mirada en los últimos versículos. El salmo dice así:
“Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear. Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad. No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté. Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas. Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria. No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos. Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová”.
La última parte del salmo que acabamos de leer, y en la cual detendremos nuestra Mirada, presenta dos peticiones y un compromiso. Vamos a leerla de nuevo para recordarla mejor. Dice así:
“No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos. Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová”.
La primera petición es no ser arrastrado con los malos, pues dice: “No arrebates con los pecadores mi alma, Ni mi vida con hombres sanguinarios, En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos”.
El salmista ya sabía lo fácil que es dejarse llevar por el ambiente, por eso pide ayuda.
La segunda petición, entre dos afirmaciones de fidelidad, pide salvación invocando de nuevo la misericordia de Dios, pues dice:
“Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud”.
Esta petición es sorprendente, porque, a la vez que el salmista expone su conducta íntegra y recta, pide salvación. Tal vez sea un anticipo de que por las obras de la ley nadie puede salvarse.
Termina el salmo con un compromiso de ser testigo ante los demás de las bondades de Dios, pues dice:
“En las congregaciones bendeciré a Jehová”.
Cuando se vive en la presencia de Dios siempre hay algo nuevo que contar, pero cuando no es así no hay nada que decir.
Recuerda que la buena conducta delante de Dios es tu deber, tu obligación, pero la salvación no se gana con buena conducta sino por la misericordia de Dios.
(por Daniel Valuja)
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