Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 3 «Seguridad»
Versículo 8 «Poderoso guardador»
Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada termina hoy el repaso del salmo tres, cuyo mensaje es de seguridad en Dios en circunstancias muy difíciles.
Volveremos a leer de nuevo el salmo completo porque eso nos ayudará a percibir mejor su mensaje.
El salmo tres fue compuesto por el rey David cuando huía de su hijo Absalón que había dado un golpe de estado contra él.
El salmo dice así: «¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí. Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; Los dientes de los perversos quebrantaste. La salvación es de Jehová; Sobre tu pueblo sea tu bendición».
Nuestra Mirada se detendrá hoy en el último versículo del salmo, el versículo ocho, que leemos de nuevo y dice así:
«La salvación es de Jehová; Sobre tu pueblo sea tu bendición». Volvamos por un momento atrás para dar una Mirada general al salmo antes de centrarnos en este versículo. El salmo es muy sencillo y fácil de comprender. David expone, delante de Dios, su situación a causa de la rebelión de su hijo Absalón al que se ha unido la mayoría poniéndose en contra de David, su legítimo rey. A David le duele que le consideren abandonado por Dios, por eso confiesa su total confianza en la protección de Dios, tanto es así que puede dormir tranquilamente porque no tiene temor teniendo a Dios a su lado. Seguidamente, de una forma muy breve, hace su petición recordando como en el pasado fue Dios el que humilló y desbarató a sus enemigos. Y termina su oración con una vibrante proclamación y con un sentido deseo, pues dice: «La salvación es de Jehová; Sobre tu pueblo sea tu bendición».
Pongamos la Mirada en estas dos declaraciones. La primera es una rotunda proclamación del poder de Dios, pues dice: «La salvación es de Jehová». Como el hombre siempre piensa que puede por si mismo, es lo que ocurría con el hijo rebelde, Absalón. Se creía que con su facilidad de palabra para conquistar a la gente y con el apoyo del ejército, el rey destronado, su mismo padre, no tenía salvación posible. David, sin embargo, proclama que la salvación no es de los muchos, ni de los fuertes, sino de Dios, que salva con pocos o con muchos. Y seguidamente aquel hombre de gran corazón expresa un deseo profundo delante de Dios:
Sobre tu pueblo sea tu bendición. Por encima de todo, aquel rey generoso, solo deseaba el bien de su pueblo ¡qué gran ejemplo! ¿Y qué mejor bien que la bendición de Dios? No hay bien mayor posible. La declaración de David corre a lo largo de toda la Escritura. «La salvación es de Dios».
Si has pensado que puedes salvarte por tus buenas obras, o por tu generosidad, o por tu fidelidad a unos ritos, o por tus brillantes ideas; te está equivocando de medio a medio. Tu necesitas la salvación, pero no olvides nunca que la salvación es de Dios, solo de Dios, si la buscas en otro lugar, no la encontrarás. Búscala en Dios, porque la salvación es de Dios.
(por Daniel Valuja)
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