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Salmo 31 – Confianza proclamada (190)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 31 Confianza en la angustia

Versículos 23-24: Confianza proclamada

Bienvenidos a Miradas. Continuamos nuestro recorrido por el libro de los salmos y ya hemos llegado al final del salmo treinta y uno que es de los que surgieron de la prolífica pluma de David.

El salmo es uno oración que nos cuenta una situación muy difícil en la cual David pide ayuda a Dios, pero expresando siempre una total confianza.

Una peculiaridad de los salmos es que son como ventanas al alma del creyente expresando su sentir en las más diversas situaciones.

Vamos a leer los versículos veintitrés y veinticuatro con los que termina el salmo, para después dedicarles con detalle nuestra Mirada.

En estos versículos el salmista hace algo que debe servirnos de ejemplo. Invita a los del pueblo de Dios a tener una idea clara del carácter de Dios y a confiar incondicionalmente en Él.

Los versículos veintitrés y veinticuatro del salmo treinta y uno dicen así:

“Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; A los fieles guarda Jehová, Y paga abundantemente al que procede con soberbia. Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón”.

Este final del salmo está formado por una serie de frases que merecen nuestra atención, porque cada una de ellas tiene un rico contenido, así que, iremos viendo una por una.

En la primera, el salmista dice:

“Amad a Jehová, todos vosotros sus santos”.

En esta primera frase destacan dos cosas, una que es una invitación a todo el pueblo de Dios, y otra, que se les invita a amar a Dios.

A veces pensamos que amar a Dios es sentir un cariño profundo y que eso solamente está al alcance de unos seres excepcionales, pero la Palabra de Dios deja muy claro que la mejor declaración de amor a Dios es la obediencia a su Palabra y a eso nos exhorta el salmista.

La segunda frase es muy sencilla, pero muy consoladora, pues dice:

“A los fieles guarda Jehová”. El Señor Jesucristo diría diez siglos más tarde “nadie los puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

¡Que preciosa seguridad!

La tercera frase puede ser malentendida si no nos fijamos bien, pues dice: “Y paga abundantemente al que procede con soberbia”.

Es decir, a quien se encara con Dios con soberbia Dios le da su merecido y no se queda corto, así que mucho cuidado.

Las dos últimas frases son para dar ánimo a los creyentes, pues dice la primera:

“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová”.

Formar parte del pueblo de Dios incluye tener tarea para hacer. Y esa tarea no suele ser fácil, aunque tiene recompensa eterna y gloriosa, así que, atendiendo al salmista, ¡esforcémonos!.

Trabajemos con ganas, con entusiasmo, poniendo todas nuestras fuerzas.

La última frase del salmo es una inyección de ánimo que se basa en lo dicho a lo largo de todo el salmo, en vista de como responde Dios a los suyos en la dificultad podemos cobrar ánimo para seguir adelante en la lucha diaria, pues dice el salmista:

“Y tome aliento vuestro corazón”. No permitamos que nos invada el desaliento en los malos momentos, nuestro Dios siempre está cerca, a nuestro lado y nos protege porque nos ama.

Sigamos adelante con buen ánimo.

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